Cabaiguán tiene el privilegio de contar con dos mujeres representativas de esta etapa y cuyas destrezas alcanzaron reconocimientos a nivel provincial y nacional

Por: Daisy Pilar Martín Ciriano
El rodeo en Cuba no aparece a partir de una distracción o práctica deportiva, sino que surge como actividad económica muy relacionada con la ganadería. Bien se conoce de los extensos bosques y pastizales que existían desde la etapa colonial y a consecuencia era necesario el traslado de lotes de reses a diferentes áreas y potreros o motivado por la compra-venta.
Los monteros debían poseer habilidades de enlace, desde apresar la res por el cuello, la barriga o los cuernos, así como lograr su dominio e inmovilización para curas y revisiones. La destreza de los vaqueros era muy valorada y se seleccionaban los mejores para el traslado de reses cimarronas, semi salvajes, para el marcaje, y hasta para el ordeño. Por estas razones se efectuaban demostraciones informales, las que se generaban en reuniones o encuentros ocasionales.
Entrado en siglo XX el rodeo continuó como una actividad práctica, pero comenzó a ganar espacio dentro de las costumbres guajiras, sobre todo en las zonas donde la cría de ganado era más extensiva. El guajiro cubano comenzó a demostrar sus habilidades en el manejo de las reses y así fue calando dentro de las tradiciones campesinas.
A partir de 1960 floreció el rodeo como una actividad organizada. En las comunidades del campo se preparaba el ruedo, la cerca, los corrales, y ya. La invitación corría de boca en boca y algunos tomaban la iniciativa y coordinaban con los más hábiles para sus demostraciones, así como seleccionar los animales que estarían en el certamen. Esto era todo un espectáculo, en el que no faltaba un animador, con micrófono o a viva voz, así como in improvisado payaso que hacía peripecias dentro del ruedo con animales y los jinetes.
Y no faltaron nunca entre los vaqueros, varias mujeres que también tenían una destreza brillante, tanto como jinete, uso del lazo, ordeño o monta de animales.
La Feria Agropecuaria de Sancti Spíritus es reconocida por sus grandes ferias, rodeos y exposiciones y recintos feriales eran visitados por la población que asistía al área y que después disfrutaba del gran rodeo.
Cabaiguán tiene el privilegio de contar con dos mujeres representativas de esta etapa y cuyas destrezas alcanzaron reconocimientos a nivel provincial y nacional.
Hay que destacar a Maritza González, quien con solo 15 años, fue seleccionada una de las seis vaqueras que acompañaron a la Amazona en 1970 durante la Feria Agropecuaria Espirituana. Mientras, Herma Elia Ríos fue coronada en 1971 como Amazona, y posteriormente continuó destacándose hasta alcanzar la categoría de Amazona Nacional. Hoy, para orgullo de los cabaiguanenses estas dos excelentes vaqueras aún residen en el poblado y son muy reconocidas por todos los habitantes
