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Sombra

Artesanos de la ganadería

Más de 40 años dedicados a la confección de arreos para el ganado distingue el quehacer de Carlos Valdivia Bernal, quien junto a su esposa Eneida y el joven Daikol realiza este oficio poco común

Sus manos se escurren entre los hilos de la soga que, poco a poco, va desenredando. Con la ayuda de un artefacto rústico, ideado y construido por él mismo, obtiene las hebras necesarias para confeccionar un largo lazo que acaban de solicitarle.

Es el día a día de Carlos Valdivia Bernal, quien por más de 40 años se ha dedicado a este oficio poco común, pero extremadamente necesario para las labores vinculadas al manejo de todo tipo de ganado.

En el espacioso patio de su vivienda, situada en la finca San Idelfonso, a un costado del barrio conocido como Camino de Santa Cruz, en Sancti Spíritus, encontramos a este campesino, quien, junto a su esposa Eneida y el joven Daikol, asume con responsabilidad y una maestría increíble la creación de todo tipo de arreos.

“Este oficio lo aprendí de mi padre y, luego de su fallecimiento, continué con el legado, tanto en la confección de lazos como en los menesteres de la finca. Desde entonces no me faltan los pedidos, que llegan desde distintas partes de la provincia e, incluso, de otros territorios como Placetas. Mis clientes repiten, eso indica que el trabajo queda con calidad”.

Vinculado a la cooperativa de Créditos y Servicios Heriberto Orellana, es también productor de leche y desarrolla los cultivos varios, que le ocupan una buena parte del día. El resto lo invierte en fabricar los arreos.

“Desde muy joven aprendí a confeccionar jáquimas, cinchas para monturas, coyundas de bueyes, distintos tipos de rejos, en fin, cualquier lazo destinado a las labores con animales”, aclara.

¿Se siente un poco artista?

«Sí, tiene mucho de artesanía, porque todo el trabajo se hace manualmente y uno debe tener cierto grado de creatividad, no es que sea fácil, pero como llevo tantos años haciéndolo ya no me resulta complicado. Hay requerimientos que no se deben descuidar, por ejemplo, cuando hacemos un lazo hay que ver el largo que le daremos y, en dependencia de eso, es que se pica la soga y a la hora de confeccionarlo se recoge más. Ahora, si se trata de unas coyundas para bueyes, se aprieta menos, al igual que si es un rejo para atracar a un toro, porque mientras menos se apriete resulta ser más fuerte en el momento de trabajar a un animal».

¿Cuál de los arreos resulta más complicado?

«Todos son complicados porque cada uno tiene una forma diferente a la hora de hacerlos. Los narigones, las guías y las coyundas de bueyes no pueden ser ni muy duras ni muy suaves, deben estar términos medios para que sea más fácil el manejo con el animal, pero las cinchas de monturas se trabajan con lo que decimos un hilo muerto; eso quiere decir que no se aprieta, sino que se deja suave para que no lastime la barriga del caballo, aunque el animal debe sentirla en su cuerpo».

¿Cuál es la mejor soga para confeccionar los lazos?

«Nosotros trabajamos los lazos una vez que desarmamos la soga que nos trae el cliente, pero está la que se le conoce como caprón, que es de nailon y se utiliza para tejer las riatas, porque estira bien y pesa; esos son dos aspectos a tener en cuenta a la hora de confeccionarlas. Hay otros tipos, también de nailon, pero un poco más secos, con los que hacemos las coyundas, porque no estiran y, por tanto, no aflojan el frontil. También se usan para la guía de los bueyes».

¿Dónde adquiere las materias primas para los arreos?

«Casi siempre las trae el cliente, pero si nos pide que se las pongamos, entonces vamos en busca de las sogas, según el tipo de trabajo solicitado, a los catres en las candongas o a la Feria y allí las compramos».

¿Cuánto tiempo le demora hacer un lazo?

«Eso depende, si se trata de una soga aparente, que solo sea desbaratarla para luego tejer el lazo, debe estar entre los 40 y 50 minutos; para eso me auxilio de algunos implementos rústicos que yo mismo fabriqué con cajas de bolas, pedestales y pedazos de hierros viejos. Con ellos se desarma la soga, pero luego está el tarabico, que es lo que empleamos para tejer, aunque es ahí donde entran a jugar su papel mi señora y el menor de la casa, porque ambos me ayudan en esta tarea».

UN LAZO ENTRE TRES

Para Eneida González García, la esposa de Carlos, este oficio poco tradicional le abrió otro horizonte laboral. Hace alrededor de ocho años se sumó a estas labores, pues hasta entonces él tenía que buscar a alguien que lo auxiliara en la confección de los distintos tipos de arreos.

“Un día decidí probar suerte, lo intenté y lo logré. Al principio me resultaba un poco complejo, pero desde que le cogí el golpe me sumé y hasta hoy soy yo quien teje los lazos. Luego se incorporó mi hijo Daikol, a quien siempre le gustó estar relacionándose con los animales, ya tiene 13 años y cuando llega de la secundaria se pone con nosotros a desarmar sogas. Entre los tres trabajamos cada pedido”.

¿Considera que este es un oficio duro para mujeres?

“Para nada pienso eso. Yo, por ejemplo, era maestra de quinto y sexto grados en la escuela primaria Remigio Díaz Quintanilla, pero cuando vine a vivir para el Camino de Santa Cruz me quedaba muy distante, entonces decidí vincularme a las labores de la finca y a la confección de lazos junto a mi esposo. De esa forma, buscamos el sustento económico sin salir del hogar.

“Siempre digo que cuando una mujer se propone aprender un oficio, por complejo que sea, lo logra. Hay ejemplos de vaqueras, carpinteras, albañiles, que sí requieren de un esfuerzo mayor y lo hacen; entonces, ¿por qué yo no puedo dedicarme a tejer lazos y arreos para animales?

“Aquí se reciben encargos diariamente. Si Carlos no está, yo me ocupo de atender al cliente, ver cuál es el pedido que quiere y en ocasiones, cuando él va a demorar, si se trata de hacer una cincha, por ejemplo, yo misma se la hago; porque a veces son personas que vienen de lejos y no es justo que pierdan el viaje”.

Carlos y su familia son reconocidos en el mundo de la ganadería. Incluso, los mejores clientes son cooperativistas de su propia base productiva y de otras de la provincia. Todavía recuerda que cierta vez vinieron a encargarle 200 lazos para la CPA Juan González y desde entonces no le faltan los pedidos.

“Yo siempre madrugo, ya a las cuatro de la mañana estoy en pie, adelanto las labores de la casa, barro todo este patio para que cuando amanezca esté en orden, mientras que Carlos está en el ordeño de las vacas. Nosotros trabajamos en familia y el resultado final de lo que hacemos es para todos en el hogar”, sentencia finalmente Eneida.

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