Al revisar la lista de los caídos en la lucha por la liberación, en muchos casos resalta en ella, la extrema juventud de los mártires. Así nos sucede con el mártir guayense Elcire Valentín Pérez González. Un jovencito, casi un niño, de rostro noble y mirada triste, que fue acribillado a balazos en una calle habaneras, el 14 de marzo de 1958.

Por: Daisy Pilar Martín Ciriano
Con apenas 19 años tenía una rebeldía admirable y un liderazgo que le hacía respetar. Su nombre no solo era conocido por sus manifestaciones en el Instituto de Segunda Enseñanza en Sancti Spíritus, sino por su valentía para encabezarlas.
Entre las acciones más destacadas en el territorio dentro del Movimiento 26 de Julio está la distribución de propagandas y del folleto La Historia me Absolverá, su participación en el acuartelamiento del 30 de noviembre junto a otros guayenses, la puesta de pancartas y letreros en edificios, la participación en huelgas y apoyo a éstas y el gran movimiento de oposición desarrollo contra el intento de crear el Canal Vía Cuba. Con numerosos escritos aclaró la significación que tendría para la Isla este Canal divisorio.
Una de las acciones de mayor peligro para su vida lo fue el sepelio del mártir de La Llorona Manuel González Crespo, en los días posteriores al 10 de agosto de 1957. Y según los testimonios, Elcire, ya encubierto y perseguido, fue uno de los primeros en comenzar a entonar las notas del Himno Nacional durante el recorrido del cortejo hasta la necrópolis municipal.
Tras este hecho y, por el amplio conocimiento que tenían los esbirros de sus acciones, tuvo que marcharse de la zona y entonces el movimiento lo trasladó para La Habana.
En la Capital y bajo orientaciones de Faustino Pérez González, participó en numerosas acciones y sabotajes, incluso en «la noche de las cien bombas‟.
Con valentía asumió la prisión en la Quinta Estación y posteriormente en el Castillo del Príncipe, donde conoció con sus cortos años, los horrores de las torturas. En esos amargos y duros días escribió una carta, la cual se convirtió en su testamento político, allí narra los horrores de la prisión, expresa su añoranza, amor hacia sus padres de crianza y expone como debía ser su futuro.
Entre las acciones más notorias en la Capital, se resalta su participación en la conocida «noche de las cien bombas‟, en la que colaboró activamente en su organización y ejecución.
El 14 de marzo de 1958, mientras regresaba en un auto después de realizar acciones revolucionarias, junto a tres compañeros, fue perseguido y capturado herido en combate desigual. Llevado al Hospital Militar, sin asistencia médica fue torturado y vilmente asesinado junto a sus compañeros José Luis Dubrocq, José María Concepción y Máximo Santiago Haza, aniversario 68 de este triste suceso.