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Cabaiguán acogió al Che como su propio hijo

1che cabaiguan

Por: Alexey Mompeller Lorenzo

Ese día Cabaiguán lo abrazó más fuerte que nunca porque no quería que dejara el poblado sin llevarse el beneplácito de los agradecidos. Ya conocíamos de su destreza militar e intercambios con integrantes del Directorio Revolucionario 13 de Marzo y campesinos de la zona que lo protegieron. Sabíamos de su asma y del título de Doctor que cambió por un traje verde olivo y unas botas que subieron al yate Granma y desandaron las cercanías.

Quien ordenó tomar la planta de Radio Cubanacán para transmitir la historia que se escribía en las montañas, volvería en los suspiros finales de 1958 en la definitiva liberación de un terruño que lo siente mitad argentino, mitad cabaiguanense.

A la vuelta de un año regresó para celebrar el primer aniversario, cuando su columna 8 “Ciro Redondo” trajo la victoria. Sería la última vez que luciría su boina por estos alrededores. Meses antes, el 8 de febrero de 1959 retornó a la ciudad testigo del traumatismo que sufriera en su brazo izquierdo.

Lo esperaban los representantes de las denominadas Fuerzas Vivas, incluidos los miembros del movimiento 26 de Julio y los Comisionados Municipales para concederle al Comandante Ernesto Guevara de la Serna la distinción de Hijo Adoptivo de Cabaiguán.

Antonia María Hernández, la escogida para entregarle el pergamino al Che, y los demás asistentes a la ceremonia, no olvidaron ese instante que quedó eternizado en el salón de la segunda planta del otrora Ayuntamiento, hoy Policlínico I Faustino Pérez Hernández.

El gestó emocionó al condecorado y a los presentes. Fue el gran suceso, la noticia del día que acaparó titulares en medios locales, nacionales y cuantas cadenas foráneas siguieron el momento.

Los flashes de las cámaras emulaban con los aplausos, la retribución colectiva patentizada en el documento donde puede leerse: “Por el valor demostrado en la campaña de liberación y el afecto fervoroso que supo cultivar entre los pobladores”.

A 61 años de aquel nombramiento, la merecida reverencia para un hijo excepcional que se convirtió en eterno desde octubre de 1967.

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