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Cabaiguán recuerda a Faustino en el 101 aniversario de su natalicio

1 Comandante Faustino Pérez Hernández

Por: Daisy Martín Ciriano (museóloga)

Han transcurrido 101 años del natalicio de Faustino Pérez Hernández el 15 de febrero de 1920, en el barrio rural de La Larga, Zaza del Medio, antigua provincia de Las Villas.

De origen campesino fue el mayor de los diez hermanos del matrimonio. Todos trabajaron duramente hasta que en la década del 40 mejoraron la situación hasta convertirse en propietarios de una pequeña finca en el municipio de Cabaiguán hacia donde se trasladaron Don Pepe y Amada, para quedar para siempre. Bajo el rigor de una férrea disciplina educaron sus hijos e inculcaron el amor al trabajo y a la familia.

Faustino cursó la primera enseñanza entre las modestas escuelitas rurales de Neiva, Guayos y Cabaiguán. Desde ese entonces demostraba su admiración al Apóstol y según narran los allegados, alienaba a sus compañeros y  encabezaba la caballería representando imaginariamente a la figura de José Martí. Después asistió a clases nocturnas en una escuela privada de Cabaiguán, lo que le preparó para el ingreso al Instituto de Sancti Spíritus, donde cursó el bachillerato que llamaban “por la libre”, ya que tenían gran necesidad de seguir en las tareas del campo.

De sus memorias se recogen pequeñas notas donde enfatizaba su identificación con su hermano Carlos, próximo en edad, calificándolo de hermano y su mejor amigo.

Sus inquietudes políticas comenzaron tempranamente y también las compartió con su hermano Carlos. Fue la Guerra Civil Española la que contribuyó a fijar definitivamente su proyección política, tomando partido con pasión de adolescente por la causa republicana y aprendiendo a odiar para siempre al fascismo y a la reacción.

Por su parte, el pensamiento martiano, inculcado desde bien pequeño por sus maestros, devino en una especie de guía espiritual y arma ideológica que le permitió enfrentar, desde la honradez de su entorno familiar y su temprana inspiración patriótica, el desafío que representaba poseer vocación por la justicia en un escenario colmado de atropellos a la dignidad humana y otras  calamidades sociales. Así se convirtió en revolucionario, en ejemplo de combatiente guerrillero, de cuadro revolucionario de padre y hermano ejemplar.  

En Cabaiguán, a un extremo del Paseo se yergue una estatua a su memoria, precisamente frente a la Cátedra de Estudios que honra su nombre y al costado del lugar donde brindo “El Café de la Victoria”, antes de salir a México para enrolarse en el Granma y luego del triunfo de la Revolución.

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