miércoles, junio 16El Sonido de la Comunidad
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Como un caballo de carrera

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Campesinos cabaiguanenses entre los espirituanos  que optan por el empleo de la ciencia y la técnica en sus producciones

Por: Mary Luz Borrego (Tomado de Granma)

Acostumbrado a innovar en su finca La Gloriosa, a un costado de Cabaiguán, donde ha aprendido lo mismo a calentar las casas de curar el tabaco en días de temporales, que a refrescarles el techo a los aposentos cuando el calor amenaza con derretirlos, Yoandy Rodríguez Porra ahora ha quedado más que sorprendido, pero no con la salud de sus vegas, de por sí reconocidas, sino con el rendimiento alcanzado en sus maizales.

El joven campesino, un usufructuario de la cooperativa de créditos y servicios (CCS) Nieves Morejón, convertido en referente para la agricultura de la Isla, se integró al cultivo del maíz híbrido transgénico cubano, experiencia en la que ha alcanzado un rendimiento de seis toneladas por hectárea del producto ya seco, algo que pudiera parecer una quimera para la agricultura nacional.

Frente al presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez, y medio azorado con aquellos micrófonos y con el lenguaje de los científicos, que participaron en septiembre pasado en un chequeo del Programa de soberanía alimentaria y educación nutricional, el guajiro de Cabaiguán confesó que, con variedades foráneas como el diamante, el dorado y el esmeralda, había llegado, cuando más, a 4,5 o a cinco toneladas por hectárea.

Cerca de la Gloriosa, allá en Punta de Diamante, otro campesino de armas tomar, Félix Álvarez, tiene una historia muy parecida que contar: «Este es incomparablemente superior a cualquier otro maíz. Llevamos mucho tiempo con el problema de la plaga de la Palomilla, y cada día se hace más difícil su control. Ahora no hemos visto una, la planta es fuerte, con desarrollo. Eso es lo que hace falta en estos momentos».

El rendimiento cosechado en su maizal da fe de ello: 6,20 toneladas por hectárea, el más alto registrado en la provincia durante esta suerte de experimento a cielo abierto, donde se llevó por primera vez a grandes extensiones de tierra una semilla de esta gramínea híbrida transgénica made in Cuba.

ENSAYO EN CALIENTE

Todo comenzó en los laboratorios del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de La Habana, donde, luego de varios años de investigación, se obtuvo esta simiente, con un altísimo rendimiento potencial en condiciones ideales de cultivo y resistencia a la Palomilla –principal plaga que afecta a los maizales en la Isla–, así como a un herbicida, con lo cual se evitan los enyerbamientos.

Pero una cosa se escribe desde la perfección del laboratorio y otra bien distinta se cultiva en el campo cubano, donde se produce a gran escala y sin las condiciones óptimas. Por ejemplo, en Sancti Spíritus se siembran anualmente alrededor de 20 000 hectáreas de maíz con variedades tradicionales y, aunque algunos productores recogen buenas cosechas, el rendimiento medio histórico no alcanza siquiera una tonelada por hectárea.

El ensayo en caliente con el maíz híbrido transgénico lo lidera aquí el CIGB espirituano, y se ha desplegado, sobre todo, en la zona de Jarahueca, en Yaguajay, entre los campesinos de la CCS Juan Darias, aunque también involucra a otras entidades del territorio y a un puñado de productores de referencia de Cabaiguán, quienes obtuvieron los mejores rendimientos.

«La línea fundamental de nosotros es la de los granos. Este proyecto con el CIGB comenzó con la encomienda, a dos campesinos, de producir la semilla, y luego se incorporaron otros. Esa parte es complicada, porque hay que quitar la flor y la espiga para la polinización, y hubo que capacitar a los trabajadores. Luego nuestra semilla se utilizó para sembrar más de 540 hectáreas», detalla Aldo Fortaín, un educador devenido presidente de esta cooperativa.

– ¿Cómo valora el resultado de la cosecha? ¿Aprecia alguna desventaja en este híbrido transgénico?

–Fue alentadora y estimulante. Figúrese que los rendimientos históricos nuestros son de apenas 0,6 o 0,7 toneladas por hectárea. Este maíz tiene un potencial productivo extraordinario. En la cosecha logramos 690 toneladas, un récord histórico aquí. Duplicamos en una sola campaña la producción total alcanzada por la cooperativa en las dos anteriores. Si tiene desventajas, yo no se las veo.

En el secadero de granos de Iguará, donde se benefició la cosecha, elogian el tamaño de la almendra, la baja humedad promedio, la escasez de impurezas y, en general, la calidad de este maíz, que consideran superior a todas las otras variedades conocidas hasta ahora, mientras Sanidad Vegetal también pondera sus virtudes como cultivo amigable con el medioambiente.  

LA NECESIDAD DE UN SALTO CON GARROCHA

Parte de la comunidad científica nacional defiende el cultivo de productos orgánicos, un enfoque ambientalmente sostenible y la preservación del maíz tradicional entre los campesinos cubanos, pero solo en el quinquenio 2014-2018 Cuba gastó más de 1 045 millones de dólares en la importación de este alimento –el país necesita como promedio entre 700 000 y 800 000 toneladas al año– y la productividad de las hectáreas sembradas en la Isla resultó muy baja.

A partir de la existencia en el país de un marco legal que respalda el uso de los organismos genéticamente modificados y de la creación, por el CIGB, de una auténtica semilla transgénica cubana, la ciencia otra vez abrió los caminos para contribuir a ese «salto con garrocha» que la nación precisa en la producción de alimentos.

Los resultados de este aporte se cosechan también de manera halagüeña en Ciego de Ávila, Villa Clara y Matanzas, donde incluso se alcanzaron mejores rendimientos que en territorio espirituano, una experiencia que crecerá todavía más para la próxima siembra de primavera, cuando se cubrirán 8 500 hectáreas en distintas zonas de la Mayor de las Antillas, con vistas a cosechar 38 250 toneladas de este maíz.

«Sancti Spíritus fue el polígono de experimentación a gran escala. Para el año que viene se van a sembrar en la provincia 850 hectáreas. No estamos satisfechos con el rendimiento que logramos, algo más de tres toneladas por hectárea. Alabamos la asimilación de la tecnología, el saber hacer de los campesinos, el salto cualitativo económico y productivo, pero tuvimos algunas brechas», valora el doctor en Ciencias Enrique Rosendo Pérez, director del CIGB espirituano.

Menciona que falló la certificación de la calidad en el momento de la selección de la semilla producida aquí, que la densidad de plantas por área quedó por debajo de lo ideal, hubo robos, pérdidas de cosecha, alguna inadecuada preparación de tierra, siembras tardías, disponibilidad a destiempo del paquete tecnológico, limitaciones de combustible, insuficiente maquinaria para enfrentar el pico de cosecha y atenciones culturales desfasadas.

– ¿Quiénes continuarán con el extensionismo de esta semilla nacional en 2021?

–Este maíz es un caballo de carrera y un caballo de carrera no lo puede montar un jinete inexperto, tiene que dominar la agrotecnia, ahí está la clave para el éxito. Cualquiera se siente satisfecho con tres toneladas por hectárea, pero esa no puede ser la meta. Se mantienen los campesinos de Jarahueca, se incorporan con más áreas los de Cabaiguán, la unidad básica de producción cooperativa (ubpc) arrocera Las Nuevas, de La Sierpe, y Azcuba.

–Se ha publicado que, tras 40 años de investigaciones a nivel de laboratorios y en campos de prueba, así como después de dos décadas de consumo humano y animal de cultivos transgénicos en más de 60 países, no se han reportado efectos nocivos a la salud y al medioambiente, muestra de la seguridad de esta tecnología agrícola. Sin embargo, durante buen tiempo la comunidad científica, los ecologistas y en general la opinión pública ha debatido sobre los posibles efectos de los cultivos transgénicos en la salud humana. ¿Qué opinión sostiene al respecto?

–Primero, hay que partir de la ética de los científicos cubanos, que trabajan por el bien de la humanidad, y donde haya el más mínimo riesgo para un ser humano no se apuesta por ese proyecto. Además, los eventos transgénicos que estamos introduciendo son reconocidos y estudiados por más de 20 años, y no existe evidencia científica alguna que haya demostrado efectos adversos en los humanos.

«Se han hecho todos los estudios de toxicología y nutricionales correspondientes. Se otorgó la licencia para uso y consumo humano por el órgano regulador del país; se tomaron en cuenta las estrictas licencias de seguridad biológica y la ley cubana para uso de organismos modificados genéticamente. Hoy la transgénesis es tan controlada como no han sido nunca antes otras formas de la genética clásica.

«Estamos hablando de la utilización de la ciencia en función de un bien común. El 25 % de la población cubana vive en el campo y solo el 5 % lo trabaja. Entonces, ¿cómo nos vamos a alimentar? Todo el maíz y la soya que entran al país son transgénicos. Nosotros estamos a favor del control, cada área que se está sembrando tiene una licencia de seguridad biológica, dentro del marco regulatorio y legal de este país».

– ¿Su criterio significa que usted está a favor del consumo de este maíz, incluso para la alimentación humana?

–Estoy a favor, prefiero consumir diez veces un cultivo transgénico, que aquel donde se aplica un químico».

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