La mayor parte de las costureras cabaiguanenses y otras también aficionadas a la costura aprendieron a coser con el Sistema Ana Betancourt, creado por la Revolución en 1960, para dar oficio y enseñanza a miles de mujeres cubanas

Por: Daisy Pilar Martín Ciriano
El oficio de sastrería y de costureras es muy antiguo, pero más más antiguo aún resulta la confección de vestuarios en materiales como pieles, linos y sedas. Con las confecciones de vestimentas se fue marcando aún más las diferencias sociales. Y con la aparición de la aguja de un ojo, pues comenzó lo que más tarde sería una gran industria acomodada en talleres y máquinas de coser. Precisamente la aparición de la primera máquina Sínger ocurrió en los inicios de la década de 1850 y con su lanzadera, revolucionó la industria. Se plantea que las primeras máquinas llegaron a Cuba a finales de 1800 e iniciando el nuevo siglo.
Lo cierto es que en la Capital aparecieron las sastrerías y las costuras de alta sociedad, labor que poco a poco se fue trasladando hacia otras ciudades. Pero hay algo muy interesante en la utilización de la máquina de coser utilizada. Por muchísimos años los propietarios y diseñadores de la Sínger, perfeccionaron su industria y tras aparecer el ovillo, aumentó su aceptación. Después aparecerían las marcas Minerva, Unión, Shaika, Verita, entre otras, pero por muy sofisticadas en su ejecución, ninguna ha logrado alcanzar la certeza de la puntada, y la duración de su mueble.
En Cabaiguán aún se recuerdan a notables costureras como Iris Frías, Nena Villarreal, Mariolina Calero, Estrella Nadales, Angelita Fariñas, las dos hermanas Kautzman, Aida Hernández, Nena Moreira, por solo mencionar algunas.
Entre estas obreras del pedal, aún se encuentran quienes cosen ropas escolares, otras se han especializado en hacer ajustadores, mientras que otras a pesar de no ensartar la aguja, mantienen sus máuinas en buen estado y engrasadas, esperando solo una rotura en las piezas del hogar.
En este caso se encuentra Ana Luisa Álvarez Pérez, una vivaracha octogenaria con una memoria muy clara y que tiene la experiencia de haber recibido clases en la academia que existió en la década de 1950, frente a la antigua Bauzá. Primero comenzó a aprender con el Sistema de María Cabrera, pero concluyó con el Rocha.
La mayor parte de las costureras cabaiguanenses y otras también aficionadas a la costura aprendieron a coser con el Sistema Ana Betancourt, creado por la Revolución en 1960, para dar oficio y enseñanza a miles de mujeres cubanas.
Hoy la mayor parte de los vestuarios llegan confeccionados, pero siempre es muy útil tener al alcance, una maquinita de coser, sea Sínger o no, pero que con ella se pueda resolver un descosido o una rotura. Por esa razón muchos aseguran que las mujeres deben saber, aunque sea, darle al pedal de la máquina.