Enoel Salas Santos ha dejado de existir y todo el pueblo le rinde un último adiós pero su recuerdo queda para siempre entre quienes lo conocieron

Por: Daisy Pilar Martín Ciriano
Cabaiguán está de luto. Ha dejado de existir Enoel Salas Santos, el guajiro de Seibacoa quien tempranamente, con seis años de edad ya regaba y sembraba posturas de tabaco por unos míseros centavos. Allí aprendió a ganarse la vida con su sudor y a valorar hasta qué grado de explotación estaban los humildes que no tenían «ni donde caerse muertos» Nunca pudo asistir a una escuela. Los golpes de la vida fueron sus mejores maestros.
De temple fuerte, ya joven se incorporó a la lucha clandestina en la célula de Beremundo Paz y así participó en 1957 en el alzamiento de La Llorona, para después de sobrevivir a la masacre conformó un núcleo guerrillero en el Escambray. A la llegada del Che, la guerrilla de Enoel se unió a la columna invasora.
Después del triunfo revolucionario y ante las amenazas del enemigo fue creado el DSE, (Departamento de Seguridad del Estado) al que ingresó entre los primeros. Desde entonces su vida, no solo corrió peligro, sino que se rodeó de sacrificio, alejamiento de sus familiares, rechazo de sus mejores amigos, todo por su actitud contraria al sistema revolucionario y por dar cumplimiento a la misión encomendada.
Resulta imposible resumir el historial de vida y sacrificio de este hombre. Ni siquiera el libro Bajo la piel de un hombre logra abarcar sus intimidades, pero quienes le conocieron comprendieron después cuanto aportó este sencillo hombre a la defensa de la patria y cuantas maniobras y agresiones impidió que se realizaran a nuestro país.
Hoy duele, ¡y mucho, su pérdida! Sus últimos combates por sobrevivir con afecciones pulmonares y cardíacas también las enfrentó valientemente. Siempre con estoicismo y esperanza en el futuro. Nunca claudicó a sus principios, ni siquiera los trece años en una fría celda le hicieron cambiar.
Hoy este Hijo ilustre de Cabaiguán, es despedido por los placeteños que lo acogieron también como un hijo. Le decimos adiós a su nombre, pero no a su historia. Solo queda una honda tristeza en el corazón al recordar sus palabras este fin de año, cuando contaba que ya se acercaba el 3 de marzo para alcanzar los 90 y con plenas facultades mentales. La muerte fue la única que lo sorprendió, pero sus memorias y su ejemplo nunca serán borrados.
