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El alto precio de fumar

Los fumadores espirituanos hace mucho tiempo inhalan un gran estrés provocado por la insuficiente oferta estatal, los precios insospechados del mercado informal y las estanterías desprovistas del cotizado producto

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En julio se distribuyeron más de 1 700 000 cajetillas de cigarros, la mayoría expendida por la canasta básica. (Foto: Internet)

Ni en su más extrema juventud, cuando para estar a la moda ser elegante y parecer mayor había que esgrimir un cigarrillo, Aurora, una maestra espirituana ya jubilada, nunca tomó uno; ahora por sus manos pasan a diario decenas de Criollos, Popular, H.Upmann, Marlboro, Rothmans y hasta los extraños Winston que le llegan de cualquier fuente que se lo venda o de quién sabe dónde porque, según ella, ni pregunta.

“Yo no tengo ningún negocio ni patente, pero mi chequera no me alcanza. Comencé vendiendo los que me daban en la bodega, pero ya también personas que no fuman me lo venden y yo lo revendo. ¿A qué precio? Depende de la escasez que haya, cuando nadie tiene la cajetilla de Popular “mala”, la azul, la he vendido hasta en 200 pesos”, declara.

Lo cierto es que, como advirtiera una colega, los fumadores espirituanos hace mucho tiempo inhalan un gran estrés provocado por la insuficiente oferta estatal, los precios insospechados del mercado informal y las estanterías desprovistas del cotizado producto, que no se encuentra ni en MLC.

En muchos países del mundo los gobiernos se la ponen difícil a los fumadores porque cada vez se preocupan más por la salud de sus habitantes y por eso el precio del tabaco ha ido subiendo en los últimos años. Aun así, las diferencias entre naciones son todavía notables y, por ejemplo, en Australia una cajetilla llega a valer casi 20 euros, mientras que en Paquistán no pasa de los 90 céntimos, mientras que en Cuba los precios de las marcas más comunes —léase Criollo, Popular o Titanes— no superan los 10 pesos en moneda nacional y en las tiendas en MLC los precios de las cajetillas de producción nacional oscilan entre 0.70 y 1.20 dólares.

La crisis de los cigarros viene desde el 2021 cuando empezaron a dispararse los precios de todo lo que se vende y se arrastra hasta el 2022, año en que durante los primeros meses las cifras fueron exiguas, según datos esgrimidos por la Empresa Mayorista de Alimentos de Sancti Spíritus.

De acuerdo con los directivos de Tabacuba, los problemas se han agudizado en los últimos meses, cuando todo el proceso industrial entró en bancarrota por falta de materia prima  y la fábrica Juan de Mata Reyes, de Trinidad, estuvo parada de abril a junio por falta de papel y roturas, a lo cual se sumaron las interrupciones por ausencia de fluido eléctrico.

“Cuando se restableció la producción no se lograron los niveles esperados, en mayo faltó cigarro y nos dieron una cifra de H. Upmann, además de que la industria trinitaria produjo un poquito y nos lo vendió. En junio ha sido mejor, pero el atraso es mucho”.

Si bien la industria sureña produce en un mes más de 2 350 000 ruedas, resulta esta una producción que debe abastecer, además de los espirituanos, a los consumidores de las vecinas provincias de Ciego de Ávila y Camagüey, así como algunos territorios del Oriente del país, de modo que la oferta de cigarrillos sigue resultando insuficiente, sobre todo cuando los más de 170 000 núcleos existentes en la provincia compran cigarros, aunque no fumen, y cerca de la mitad lo vende a un precio unas 15 veces mayor del que le costó en la bodega. Nada, que se trata de un negocio redondo con altas ganancias y sin gravámenes.

Y no es palabrería para estimular un vicio que es dañino por donde quiera que se le mire; se trata, como pasa con mucho de los insumos deficitarios, de buscar un control que alivie los bolsillos ante el desparpajo de la compraventa informal al precio del mejor postor.

Tampoco puede soslayarse el hecho de que solo haya cigarros en las casas de los particulares, que los mantienen a precios de hasta 300 pesos cuando se trata de una caja con sabor de la marca Rothmans. ¿De dónde salen esos cigarros, o los Titanes, que a Sancti Spíritus no llegan ni por la “canalita”?

A tales interrogantes responde Iván Padilla Ramos, director de la Empresa Mayorista de Alimentos, quien asegura que nadie sabe de dónde sacan Titanes porque a esta empresa no le distribuyen desde hace dos años. “De un plan de 419 868 cajas de esa marca que había para este año en la provincia, no se ha recibido ni una”, confirma.

Por su parte Ariel Fernández, al frente del Grupo Empresarial de Comercio, explica que lo que se recibe se divide entre los núcleos del territorio y una cifra pequeña se destina a la gastronomía, funerarias y hogares de ancianos. “Mientras no haya estabilidad en las cantidades y distribución no se les entrega a los particulares”, asegura el directivo.

Ya en julio se asomó una ligera mejoría y de 714 389 cajetillas que se debían vender se distribuyeron más de 1 700 000, la mayoría expendida por la canasta básica, algo que bastó para dos entregas, a razón de cuatro cajetillas por núcleo, aunque en algunos territorios se ha extendido hasta los primeros días de agosto esa segunda distribución.

Vender el producto por núcleos familiares es uno de los mecanismos de control establecidos por el Gobierno y los establecimientos de Comercio en el territorio, pero no basta, ya que la solución será la estabilidad en la producción de las fábricas cubanas, incluida la espirituana, para que en la red de comercio minorista comience a verse, de manera paulatina, una mejor presencia de este renglón.

¿De dónde salen los que vendes?, indagó Escambray entre algunos revendedores. Casi ninguno respondió la pregunta y los que lo hicieron afirmaron lo siguiente: “Me los traen y aquí nunca ha venido un inspector a decirme que no puedo venderlos”.

En la especulación queda entonces la interrogante de por qué a ellos nunca se les agota, a esos que acaparan contra viento y marea, venden por la libre sin declarar impuesto y exhiben el cigarro a cualquier precio con una impunidad que desafía la asfixia económica que en todos los sentidos ha provocado el desabastecimiento en Cuba.

(Fuente/Escambray)

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