El café pasó de ser visto como un peligro a convertirse en un símbolo de modernidad, para conquistar al mundo entero, taza por taza

Por: Redacción Digital
El café no fue visto como una bebida inofensiva, sino como una amenaza social y religiosa. Cuando comenzó a popularizarse en Medio Oriente y luego en Europa, muchos gobernantes y líderes religiosos lo consideraron peligroso.
En el siglo XVI, el café fue prohibido en ciudades del Imperio Otomano. Se creía que estimulaba demasiado la mente, provocaba conversaciones “subversivas” y fomentaba reuniones donde la gente debatía ideas políticas y religiosas. Algunos gobernantes temían que las cafeterías se convirtieran en focos de conspiración.
En Europa ocurrió algo similar. En el siglo XVII, autoridades de ciudades como Londres intentaron cerrar las cafeterías porque allí se criticaba abiertamente al poder. El café también fue acusado de ser una “bebida del diablo”, ya que mantenía despiertas a las personas y alteraba los hábitos tradicionales.
Incluso algunos médicos de la época advertían que podía dañar el cuerpo y la moral. Sin embargo, las prohibiciones fracasaron. La gente seguía bebiéndolo en secreto y las cafeterías se multiplicaron.
Con el tiempo, el café pasó de ser visto como un peligro a convertirse en un símbolo de modernidad, intercambio de ideas y vida urbana. Lo que una vez fue perseguido y quemado públicamente terminó conquistando al mundo entero, taza por taza y hoy es un manjar al paladar para muchos su consumo.