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El lado oscuro de la tecnología

Durante el recién finalizado curso escolar, algunos alumnos de la Enseñanza Secundaria en la provincia se valieron de las tecnologías para promover el consumo de material pornográfico, desde redes sociales como WhatsApp

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Desde que los dispositivos móviles —entiéndase celulares, tabletas o laptops— se colaron en el espacio del aula, no pocos docentes, sobre todo aquellos apegados a la clase tradicional, pusieron el grito en el cielo. Y no era para menos.

Aunque en su inmensa mayoría los pedagogos reconocen el beneficio de tales herramientas para apoyar la formación de los estudiantes, sabían de sobra que su presencia también podría atentar, en cierta medida, contra la calidad del proceso docente-educativo.

Sin querer declararles la guerra a dichos artefactos, indispensables para mantener la comunicación, los maestros les abrieron las puertas, conscientes de que el reto para el sector educativo consistiría en velar por el buen uso de ellos durante las clases.

Por ello los docentes del territorio apostaron por utilizarlos en función de las asignaturas, ya sea para encontrar medios de enseñanza, o recurrir en busca de la información a sitios web como EcuRed o Wikipedia, entre otras plataformas.

Por ello cuentan con el respaldo del Reglamento Escolar, el cual establece que el celular y la tableta deben mantenerse apagados durante la realización de actividades docentes y extradocentes.

Sin embargo, muchos estudiantes traspasaron estas normas y se dejaron llevar por la desconcentración, el bajo rendimiento académico y hasta por las indisciplinas.

La prueba de estos malos comportamientos la experimentó Sancti Spíritus durante del recién finalizado curso escolar, cuando algunos alumnos, sobre todo de la Enseñanza Secundaria, aprovecharon las tecnologías para promover el consumo de pornografía a través de redes sociales como WhatsApp.

MAMÁ, TE PROHÍBO REVISAR MI TELÉFONO

Todo comenzó cuando se extendió el uso de las plataformas virtuales en pleno apogeo de la pandemia. En esta etapa, a través de los grupos creados en WhatsApp se aclararon dudas, se socializaron teleclases y hasta se ofrecieron informaciones de último minuto que entrelazaron a estudiantes, profesores y familias.

De esta forma, se logró mantener, sin contratiempos, el curso escolar 2021-2022. Pero cuando Sofía abrió el archivo que acababa de recibir a través del grupo de WhatsApp donde ella y sus compañeros de aula solían intercambiar documentos, fotos y material audiovisual de diversas temáticas, la pantalla se llenaría de gemidos, mientras mostraba a un hombre y a una mujer en pleno acto sexual. No había erotismo ni ropa de por medio, solo sexo y tantos gritos que debió ajustar el volumen del celular.

Luego el intercambio de este tipo de videos se volvería frecuente para ciertos adolescentes espirituanos que llegarían a comentar, bromear y hasta fantasear con ser los protagonistas.   

“Estos alumnos administraban los grupos y tenían la posibilidad de incluir o no a sus maestros, ya fueran sus profesores guías, coordinador de grado o el director del centro. La tendencia, por supuesto, fue a no incluirlos. De esta forma, tenían un grupo para recibir los contenidos e informaciones y el suyo propio para otras cosas, como fue el caso de la pornografía”, expresa en diálogo con Escambray Yosvany Rodríguez Herrera, subdirector provincial de Educación.

Como en materia de tecnología siempre los más avezados intentan romper las barreras, al mismo tiempo que compartían conocimientos, algunos estudiantes creaban su propio grupo en la susodicha red social, sin la presencia de los docentes. 

Aunque en la provincia se han generado varios incidentes de este tipo, se ha restringido dentro de las instalaciones educativas del territorio, gracias al vínculo estrecho entre la familia y la escuela.

“Cuando han aparecido casos como estos, la familia ha sido, en primer lugar, la que los ha identificado, porque son ellos los que tienen acceso a revisar el celular del niño. En cambio, el profesor no tiene facultades para revisarle el dispositivo al alumno, porque es algo de uso personal. Además, como el docente no está dentro del grupo, no se entera de lo que allí sucede.

“Una vez que la escuela ha tenido conocimiento de estos sucesos, ha realizado análisis de conjunto con la familia, donde esta ha reconocido que, muchas veces, no le ha dado el seguimiento oportuno al uso que hacen los muchachos de las redes sociales”, agrega el subdirector provincial.

Aunque tales hechos lamentablemente ocurren en el ámbito educacional, se han identificado a tiempo y los centros no les dan la espalda a estos asuntos, en el afán de preservar la adecuada formación de los educandos.

EL CAMINO DE LA PREVENCIÓN

En plena adolescencia, cuando los muchachos no levantan ni una cuarta del piso e intentan rebelarse contra todo tipo de órdenes, las manos de la familia y de la escuela deben abrazar cada uno de sus pasos.

Por eso, en Sancti Spíritus el sector educacional persigue labrar un camino de orientaciones, en pos de mostrar los aciertos y desaciertos de las nuevas tecnologías. La ingenuidad de estas edades no puede cerrar los ojos ante los infortunios de su empleo irracional.

Bien lo sabe Ángela Agramonte Bernabé, metodóloga provincial de Español-Literatura en la Enseñanza Secundaria Básica, quien pondera el rol del trabajo preventivo para evitar estos sucesos lamentables en los escenarios virtuales.

“Como escuela tenemos que hacer el trabajo preventivo con lo que disponemos. Si no tenemos de nuestro lado a la familia, por ejemplo, hay que recurrir al Consejo Popular, a las agencias y agentes que allí operan, con el propósito de capacitar a los educandos en temáticas como estas”, refiere la educadora.

Si bien es cierto que cerca del 90 por ciento de los estudiantes espirituanos poseen dispositivos móviles y que resulta difícil para un solo maestro controlar el uso de los teléfonos en el aula, también lo es la utilidad de las tecnologías, según mostró un estudio realizado en el presente curso escolar, que sondeó la pertinencia de las redes sociales para escolares, profesores y directivos del gremio.

Después de llegar a 13 planteles del territorio, pertenecientes a la Enseñanza Secundaria Básica, Preuniversitario, la Técnica y Profesional, a las escuelas pedagógicas y al Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Eusebio Olivera Rodríguez, los encuestados refirieron que acuden a las redes sociales en busca de información sobre las distintas asignaturas, para contactar con sus familiares y distraerse, entre otras opciones. 

En este empeño, el sector insiste en estimular la participación de los especialistas en el currículo institucional de los centros, en reforzar la capacitación de la familia, a través de las escuelas de educación familiar, con el propósito de instruir a los educandos sobre las redes sociales y alertarlos sobre sus efectos nocivos.

“Si contribuimos a la preparación de la familia, de los docentes y directivos del sector, estaremos en condiciones de anticiparnos a problemáticas que afecten la formación integral de nuestros niños, adolescentes y jóvenes”, concluye Rodríguez Herrera.

Sin dudas, el apogeo tecnológico de los tiempos que corren reclama cada vez más la presencia activa de los maestros y de la familia. Al docente le corresponde velar con mayor rigurosidad que los alumnos entren al aula con sus celulares apagados, tal como lo establece el Reglamento Escolar, y permitir su uso solo cuando lo exija la asignatura. Todo, de la mano de la prevención, para no arriesgar lo conquistado hasta ahora por el simple hecho de emplear la tecnología de forma malsana.  

LA CARA FEA DE INTERNET

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) alertaba, en un estudio publicado a mediados de año, sobre los numerosos riesgos para niños y adolescentes al navegar por la red de redes. Entre ellos menciona los estereotipos de género, la violencia, la pornografía, los discursos de odio y la lectura de información falsa o fake news.

Refiere el texto que, tras la pandemia y con la llegada de la educación a distancia, en el planeta seis de cada 10 adolescentes duermen con el móvil, mientras que uno de cada cinco se conecta por la noche. Otros datos mencionan que el 98.5 por ciento de los adolescentes está registrado en alguna red social.

Acerca de las prácticas de sexting —envío de mensajes, fotos o vídeos de contenido erótico y sexual personal a través del móvil—, la Unicef asegura que estas prácticas son cada vez más habituales porque el 26.8 por ciento de los encuestados reconoce haber recibido fotos de sus contactos, imágenes o vídeos personales de carácter erótico o sexual.

Recientes estudios señalan también que el consumo de pornografía entre adolescentes puede fomentar conductas sexuales de riesgo; además de entorpecer su percepción del coito, al asociarse a la permisividad sexual, la agresividad, la violencia, la coerción sexual y la victimización.

Siempre y cuando los padres puedan asumir los pagos de los paquetes de Etecsa, nuestros niños y adolescentes dispondrán de un acceso ilimitado a páginas clasificadas para adultos; de ahí la importancia de supervisar constantemente lo que consumen, a fin de evitar daños irreversibles en su carácter, temperamento y comportamiento. 

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