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Sombra

El puntal de los apicultores y sus colmenas

La elevada profesionalidad de los apicultores espirituanos y un sistema de pago que estimula la producción mantiene a este sector entre los renglones exportables de mayor peso en el territorio

Desde los tiempos inmemoriales diferentes culturas reconocen la miel de abejas como un verdadero tesoro por sus propiedades medicinales y nutricionales, como fuente de energía, materia prima para la elaboración de cosméticos; entre otras demostradas bondades que la han convertido casi en un mito de la naturaleza.

Quizás por ello, este producto de la colmena hoy goza de gran demanda en el mercado internacional y se ha convertido en uno de los renglones exportables cubanos más demandados, fundamentalmente en naciones europeas y asiáticas.

En ese escenario, el aporte espirituano no resulta nada desdeñable: con más de 100 productores contratados y un parque de unas 13 500 colmenas, aquí se cuenta con suficiente capacidad productiva e infraestructura tecnológica para garantizar el acopio y beneficio de los productos elaborados por las abejas: miel, cera, propóleo, polen, jalea real y abejas reinas.

La apicultura espirituana también dispone de un centro de desarrollo donde elaboran productos de gran demanda, como complementos nutricionales, mezclas para darle valor agregado a la miel, incluida más de una decena de tés elaborados con plantas medicinales.

Entre las principales fortalezas del sector se encuentran la elevada profesionalización de los apicultores en las diferentes faenas que requieren los colmenares y la existencia aquí de siete centros de producción de abejas reinas certificados genéticamente, los cuales garantizan la renovación de los panales.

Además, en estos momentos se cuenta con un esquema de pago en divisas a los productores para el reaprovisionamiento de los quehaceres apícolas que mucho incentiva su desempeño; y se mantiene la histórica calidad y alta demanda de estas producciones.

A pesar de la compleja realidad económica de Cuba durante los últimos años, los apicultores del territorio han mantenido importantes entregas. Por ejemplo, al cierre del 2025 rebasaron las 440 toneladas de miel y en lo que va de año ya rondan las 80, volúmenes significativos, pero que no alcanzan las cifras previstas.

Ese incumplimiento se debe, fundamentalmente, a la escasez de combustible para desarrollar las diferentes labores productivas; así como la falta de madera y energía eléctrica para la fabricación de elementos de la colmena, lo cual deteriora el parque y limita el crecimiento.

Además, durante los últimos tiempos tampoco se han podido realizar los habituales movimientos de las colmenas para las zonas costeras, donde se alimentan de las flores del manglar con vistas a fabricar una exquisita miel.

Igualmente, han faltado insumos esenciales para obtener el máximo potencial productivo de las colmenas y, por si fuera poco, en ocasiones personas inescrupulosas dañan el hogar de las abejas, sustraen sus panales y comercializan ilegalmente la miel.  

Ante estas complejas realidades, la apicultura espirituana no se cruza de brazos y emprende algunas estrategias, entre ellas la adquisición y montaje de sistemas para generar energías renovables que garanticen sus procesos productivos, sobre todo en el área de la carpintería y en la fabricación de láminas de cera.

Por otra parte, trabajan con vistas a diversificar las ventas en los mercados interno y externo con formatos pequeños para aumentar el valor agregado de la miel y los demás derivados apícolas, con el propósito de incrementar los pagos por tonelada.

Igualmente, se concretan acciones con vistas a fortalecer la capacitación de los productores y consolidar de forma sostenida la reforestación con el objetivo de mejorar el rendimiento de las colmenas en sinergia con el servicio estatal forestal, la Empresa Agroforestal y el resto de los actores que intervienen en este proceso.

Continuador de las mejores tradiciones agropecuarias del territorio, este sector se mantiene hoy como un puntal de la economía, el comercio y el desarrollo en Sancti Spíritus, con una especial contribución a la adquisición de divisas en el mercado internacional y a la reforestación, gracias a la demostrada laboriosidad de las abejas y los apicultores.

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