Jornada tras jornada, desde hace casi un mes, los integrantes del contingente espirituano Serafín Sánchez trabajan sin descanso para devolver el servicio eléctrico a La Habana

No es la primera vez ni será la última. Eso lo tienen claro los más de 40 hombres pertenecientes a la Empresa Eléctrica de Sancti Spíritus que refuerzan las labores de rehabilitación y mejoras en las redes eléctricas de La Habana.
Los habitantes de los municipios de Guanabacoa y Regla desde hace cuatro semanas han sido testigos del esfuerzo de linieros, operarios y técnicos que apoyan los trabajos.
“Es inmensa la labor porque es de sol a sol”. Así lo describe Roberto Hernández Rojas, director de la Empresa Eléctrica de Sancti Spíritus, quien, además, está al frente del contingente y asegura que la maestría del colectivo ha sido vital para detener un huracán sin viento: llevar a buen término acciones para recuperar transformadores dañados por sobrecargas de diversa naturaleza.
Tras horas de espera porque la conexión en el terreno no lo permitía, Escambray pudo acceder a las historias que hablan de trabajo en equipo, de un arranque en caliente cuando el Contingente Serafín Sánchez desplegó toda su experiencia en una intensa jornada de trabajo en Guanabacoa para garantizar el mejoramiento del servicio eléctrico en el lugar.
Allí, las brigadas ejecutaron un plan de choque en el circuito GC 11, que incluyó el cambio del transformador dañado, con lo cual aseguraron la continuidad del servicio, la división y el aumento de capacidad; se preparó la red ante aumento de la demanda, así como el traspaso de carga y cambio de poste secundario, optimizando toda la infraestructura del área, bajo la dirección de los jefes de brigada Tomás Zerquera, Félix Expósito y Dachel Jiménez; además, se logró un trabajo en tierra preciso y coordinado, con el aporte fundamental del operador de equipo tecnológico Alberto Hernández, cuyo apoyo fue clave.
LA ODISEA DE LOS TRANSFORMADORES QUEMADOS
“Si me preguntaran por lo más difícil, diría que la complejidad de los trabajos, porque son técnicos, requieren sentarse y sacar cuentas, pero lo más espinoso es tratar a la población porque hay que tener mucho tacto a la hora de hablar, de dar explicaciones claras. Por eso, cuando llegamos a los lugares lo primero es detallarles a los vecinos, porque desde que ven un auto de la empresa y una escalera en un poste donde está un transformador rápidamente salen a ver qué se va hacer, pero les explicamos bien y hasta el momento hemos podido ejecutar las acciones y la gente ha entendido”, refiere Roberto.
Más allá del esfuerzo físico, cada uno de los involucrados sabe lo que significa la sustitución de un transformador dañado, que en Cuba no es solo una reparación técnica, sino un acto de restauración de la vida cotidiana. Cuando falla, también lo hacen el agua potable, la conservación de alimentos, el funcionamiento de centros médicos y la seguridad de las personas.
Estar varios días sin servicio eléctrico significa, también, pérdidas económicas para comercios y pequeños emprendimientos que se encuentren en el lugar, deterioro de electrodomésticos y un altísimo desgaste social, y en el contexto actual equivale a perder, además del equipo, los meses de gestión, los recursos en divisas y la logística para transportarlo, por lo que su protección es una prioridad.
“Hasta el momento, hemos logrado hacer todos los trabajos que nos hemos propuesto, salvo en uno donde la población, independientemente de que le explicamos repetidamente lo que se iba a hacer y su importancia, no dejó actuar sobre el transformador y no se pudo. Hay que seguir explicando, a pesar de la campaña que pueda haber en las redes sociales en contra de lo que hacen los trabajadores eléctricos; siempre hay agradecidos que te brindan agua y el buchito de café, pero te encuentras también quienes ofenden con el objetico de impedir el trabajo, pero hasta ahora los linieros han actuado como siempre lo hacen, calmados y haciendo lo que les corresponde”, detalla el director de la Empresa Eléctrica espirituana.
De tal suerte, tres brigadas, un carro de servicio y los 44 integrantes del contingente Serafín Sánchez continúan en la capital del país regando altruismo y, más allá de los apagones, en tierra o desde lo alto de un poste, insisten en alumbrar la esperanza.