jueves, diciembre 9El Sonido de la Comunidad
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Escritora cabaiguanense Rosa María García Garzón envía un mensaje de vida ante la COVID-19

2 foto escritora Cabaiguán

Por Alexey Mompeller Lorenzo

Ni entre cuatro paredes, ni con la sonrisa escondida detrás de un nasobuco para resguardar sus casi 71 mayos de la COVID-19 que se ha esparcido como pólvora, Rosa María García Garzón se resiste al enclaustramiento y envía un mensaje de vida.

Los versos la han salvado y en días donde queda prohibido besar o abrazar, los cabaiguanenses y el mundo reciben su más reciente caricia lírica, “Poesía contra virus” sin miedo a  contagiarse porque respirar su inspiración calma en tiempos de desasosiego.

Con un paso silencioso

y su tamaño minúsculo

va destruyendo personas

en cada país del mundo.

Se regodea en las cifras

maléficas de sus números

que van creciendo por días.

Es urgente este minuto

porque aquí hay una isla

que puede frenar su impulso.

“Debemos ser útiles como podamos y donde podamos desde cualquier lugar. Me alegra mucho saber que en las redes sociales más de 500 personas han leído el poema. Algunos lo ven como un mensaje de fe porque sabemos que venceremos aunque el camino sea difícil”, confiesa la poetisa del pueblo.

Si la honda de David,

de lejos, venció al forzudo,

nosotros, a metro y medio,

podemos lograr el triunfo.

Los besos y los abrazos

pueden esperar su turno,

con una frase de amor

se puede entregar saludos

y después de la victoria

lo celebraremos juntos.

Rosa María invitada al capítulo espirituano de la XXIX Feria Internacional del Libro, cita pospuesta por el nuevo coronavirus, para presentar la antología “Crónica del aire” con sus obras más queridas en tantos años de creación, piensa en estas líneas a los suyos; transmite serenidad a  sospechosos y enfermos y  no olvida a los ausentes mientras la letras invadan la villa.

“Sufro por todos. Tengo mis talleristas regados por diferentes partes del mundo; tengo tanta gente dispersa que amo. Por los que tengo aquí en Cuba estoy más confiada pero aun así los jóvenes, como digo en el poema, no siempre son precavidos y se confían demasiado”. 

Las armas para vencer

no son corazas ni escudos,

sino mucha agua, jabón

y también los nasobucos.

Hay otro escudo importante:

nuestro pueblo, que oportuno,

puede hacer cada momento

lo que sea más seguro.

“No creo que el texto tenga valores literarios pero sí valores humanos que de verdad los sentí en cada verso”, dice a través de la línea telefónica con la seguridad de que volverá a andar las calles de su terruño para bañarse de sol y saludos. 

Nuestro refugio, la casa;

no andar como vagabundos.

¿Por qué nos aglomeramos

en tantos espacios públicos?

¿Vale la pena arriesgar

la vida, por un producto?

Hay muchos en cada frente,

velando por cada uno.

Alientos de vida para palabras de muerte y dolor. “No me faltan acontecimientos tristes; he sufrido por la pérdida de seres queridos. Sin embargo esto lo supera todo. Un señor italiano le comentaba por el correo electrónico a mi hija más pequeña lo sucedido en ese país, el epicentro de la pandemia en Europa. Ciertamente hechos así nunca los he vivido y tal descripción me impactó pero como dice un refrán, a Dios hay que ayudarlo”.

Debemos confiar en Dios

que no abandona a ninguno;

solo hay que ser obedientes,

responsables y yo dudo

que esa corona del virus

no se haga trizas y humo.

Con un grano de mostaza

basta fe para el futuro.

Yo vengo a ofrecer mis versos,

de mi corazón al tuyo.

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