jueves, junio 4El Sonido de la Comunidad

Estados Unidos contra Cuba: el horror de una guerra anunciada (+ Audio)

El gobierno y pueblo de Cuba, reiteran ante la comunidad internacional que la isla no representa una amenaza en materia de seguridad para los Estados Unidos

Por: Lillipsy Bello Cancio.

¿Cómo ponerle palabras al horror para enfrentarlo? ¿Existirá alguna manera de enfrentar el horror? ¿Acaso existen palabras para definirlo? Al decir del poeta José Saramago: “Hasta ahora la humanidad ha sido siempre educada para la guerra, nunca para la paz”.

Y en estos tiempos de odios e ingratitudes, de cegueras apocalípticas y sinsentidos generalizados, hay gente que anda pensando que la guerra, por aquello de que es un acontecimiento social tan viejo como la historia de la humanidad misma, puede ser considerada como un conflicto legítimo y, que la violencia que en ella se ejerce, aunque provoque el peor espectáculo de deshumanización y sufrimiento humano jamás pensado, resulta necesario si se quiere cambiar algo que alguien piensa que está mal.

Y lo digo, fundamentalmente por los que ahora mismo, a noventa millas y a noventa metros, dentro y fuera de Cuba, piden una intervención militar a quienes son precisamente causa del dolor y el sufrimiento innombrables, indefinibles del pueblo cubano.

Claro, que no son pocos ni menores los errores cometidos por quienes tienen la obligación de conducir los designios de este país, a quienes el margen de error permitido se les hace pequeño y necesitan una luz tan larga para adelantarse a los tropiezos como esta misma Isla. De eso estamos claros todos, ¡incluso ellos mismos!

Pero no confundamos las cosas, los culpables, las situaciones: un cerco energético sin precedentes, una sarta de mentiras que ni ellos mismos se creen, la construcción de personajes con el fin de crear el horror en la población de la Isla, medidas y más medidas que asfixian y obligan a la retirada de empresas inversoras y con las cuales el Gobierno de Cuba mantenía relaciones desde hace varias décadas, las continuas campañas de descrédito contra nuestros máximos dirigentes y lo del drama de que somos “una amenaza” para la mayor potencia del mundo, no son pretextos… son realidades, que impactan, que duelen, que lastiman.

¿Acaso puede pensar alguien que las bombas vienen con un chip que solo mata “comunistas”? ¿Podrán creer quienes mantienen familia de este lado que a los suyos no les tocará vivir el sufrimiento y dolor que una guerra desencadena? ¿Por alguna casualidad no se han detenido a pensar que esa misma guerra es en dos sentidos y que las mismas noventa millas que se miden de allá hacia acá son las que existen de aquí a allí?           

No seamos ingenuos. Lo de que Cuba no es Venezuela no es simple fanfarria o presuntuosa propaganda. Aquí morirán muchos, caeremos no pocos y ¿la traición? Esa está descartada, sobre todo a los niveles que propiciaron en el hermano país sureño la captura de su presidente.  

Hablar sobre la guerra duele. Vivirla no es una experiencia que quisiera tener. Por eso, cuando escuché a un cubano decir que si a sus hijas les tocaba sentir las bombas… “pues les tocó, ¡y al que le tocó, le tocó!”, no pude menos que volver al poeta y coincidir con él cuando afirmó que “constantemente nos aturden las orejas con la afirmación de que si queremos la paz mañana no tendremos más remedio que hacer la guerra hoy”. ¡Lástima de miseria humana y deshumanización total!

Por lo pronto, me quedo con Saramago, y concluyo con él: “No somos tan ingenuos para creer en una paz eterna y universal, pero si los seres humanos hemos sido capaces de crear, a lo largo de la historia, bellezas y maravillas que a todos nos dignifican y engrandecen, entonces es tiempo de meter mano a la más maravillosa y hermosa de todas las tareas: la incesante construcción de la paz. Pero que esa paz sea la paz de la dignidad y del respeto humano, no la paz de una sumisión y de una humillación que demasiadas veces vienen disfrazadas bajo la mascarilla de una falsa amistad protectora”.

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