Hipólito fue un educador sobresaliente, un verdadero maestro que no solo instruía y educaba en el aula, sino fuera de ella

Por: Hugo Crespo Crespo
En cada pueblo existen personas que a pesar de no haber nacido en él, han dejado una huella para la posteridad, en cuanto a sus actuaciones en la tierra que lo acogió como un hijo más. Cabaiguán, recibió en siglos anteriores a varios hombres y mujeres que se aplatanaron en este sitio del centro de Cuba.
Tal es el caso de Hipólito Félix Brito López, quien nació en el barrio de San Gil municipio de Santa Clara el 30 de enero de 1912. Allí vivió realizando todas las actividades propias de un muchacho campesino de familia humilde hasta los 14 años en que se trasladó a la ciudad.
A los once años, asistió por primera vez a la escuela debido a que residía en un lugar distante para cursar sus estudios primarios. Ya en Santa Clara continuó este nivel educativo, ingresando después en el Instituto de Segunda Enseñanza hasta graduarse de bachiller.
Según Mario Ramón Rodríguez Valero, compañero de lucha, ya fallecido, quien aportó detalles de esta historia de vida; Hipólito o Pepe como también lo llamaban, estaba dotado de una clara inteligencia que le permitió vencer exitosamente estos estudios, para entonces matricular medicina en la Universidad de La Habana; lo que logró trabajando en escogidas de tabaco, panaderías y otras labores.
No obstante, tiene que abandonar esta especialidad, por cuestiones económicas y políticas. Era en la etapa del Machadato, y él pertenecía al Ala Izquierda Estudiantil, por lo que tenía que esconderse de vez en vez, debido a la represión desatada en este tiempo.
Posteriormente se formó como maestro de Instrucción Primaria e ingresó en el año 1936 como maestro rural, trabajando en distintas escuelas rurales; de la antigua provincia de Las Villas como en La Pimienta, Potrerillo y Cruz de Neiva. En esta última ganó el premio como el mejor maestro rural del distrito.
Félix Hipólito Brito López, pasó por derecho escalafonario a trabajar en escuelas urbanas, como maestro y después, director de la escuela Tomás Pérez Castro de esta localidad.
A mediados de 1959 pasó a Director Municipal de Educación y 1962 a Inspector Técnico de Administración Educacional de Las Villas, cargo que ocupaba al fallecer.
Mario nos contó que Pepe Brito participó en actividades políticas desde el año 1929 en las luchas antimachadistas, en las filas del Ala Izquierda Estudiantil, hasta el derrocamiento del tirano. Más tarde se afilió al Partido Auténtico inclinándose sus simpatías en la última etapa del autenticismo hacia las luchas ortodoxas.
Al producirse el Golpe de Estado de Fulgencio Batista en 1952 y comenzar las luchas contra Batista se incorporó a las mismas integrándose a las filas del M-26-7, donde desarrolló distintas actividades propias del clandestinaje sufriendo detenciones, interrogatorios y registros de su hogar.
Al liberarse Cabaiguán el día 22 de diciembre de 1958 fue designado Alcalde Revolucionario del mismo por el Comandante Ernesto Guevara. En la última etapa de la lucha clandestina tenía la responsabilidad de financiero del Regional de Sancti Spíritus dentro del Movimiento 26 de julio.
Desde el triunfo de la Revolución Félix Hipólito fue un militante activo dentro de todos los frentes. Fundador de las Milicias, de los CDR. Al constituirse el Partido Unido de la Revolución Socialista, integró el mismo siendo el Secretario de Educación del núcleo de la División, cargo que ocupaba al fallecer.
Hipólito fue un educador sobresaliente, un verdadero maestro que no solo instruía y educaba en el aula, sino fuera de ella.
Junto a su esposa Antonia María Hernández López, también maestra y combatiente entregaron al Che, el pergamino de Hijo Adoptivo de Cabaiguán, el 8 de febrero de 1959 en el antiguo Ayuntamiento Municipal, hoy policlínico comandante Faustino Pérez Hernández.
Fue ejemplar como hijo, esposo y padre, revolucionario consecuente, trabajador, honesto, consciente y sacrificado, quien tuvo al lado como esposa a otra mujer ejemplar Antonia María Hernández López. Muere el 23 de enero de 1966.
Al finalizar la conversación Mario Ramón, ya fallecido, nos confiesa que mantuvo vínculos con esta familia, por quien sentía una profunda admiración, por ser personas de gran emprendimiento, correctos valores, compañerismo, honestidad y responsabilidad ante las tareas encomendadas.
Mario, estuvo también muy atento a Toña, esposa de Hipólito quien residía en La Habana, la cual al morir fue trasladada, hasta este pueblo y enterrada con honores en la necrópolis municipal con todos los honores.