martes, mayo 19El Sonido de la Comunidad

Evolución de la coladera de café

La manera de colar el tan exquisito café ha tenido muchas variantes y utensilios que han evolucionado con el tiempo

Coladeras como esta, así como otras de diferentes formas han surgido para elaborar el tan exquisito café.

Por: Daisy Pilar Martín Ciriano

Para las generaciones actuales, muchos objetos de antaño usados por sus abuelos o padres son trastos viejos. Pero ni siquiera se detienen a observar lo interesante de su evolución hasta llegar a nuestros días. Han transcurrido muchos años y poco a poco la modernidad ha alcanzado nuevas técnicas y adelantos, que ahora se ofrecen a la sociedad.

Por solo detenerse en un hábito tradicional como lo es ingerir café en Cuba, podemos describir la evolución de su confección. Partiendo de la elaboración del fuerte y amargo café carretero, que solo necesita un recipiente con agua, el café y un tizo humeante, para dar por realizada la infusión, hay que seguir por las cafeteras puestas en el fogón de leña, desde un jarro, hasta una cafetera de pico. Tras hervir el agua y el azúcar, ésta se pasa por un colador y ya está. De aquí, de sus últimas coladas, salía un cafecillo de aguado sabor que le repartían a los niños.

Después siguieron perfeccionando esta acción de elaborar café y apareció allá por los finales de 1970, la primera cafetera de fabricación rusa que recogía el polvo en su interior y después el líquido iba brotando por los agujeros hasta llenar el envase. De estos modelos aparecieron varios, poco después surgió la innovación de la cafetera de aluminio, con un funcionamiento muy parecido, en diferentes tamaños, dos tazas, tres, cuatro y así hasta diez, grandísimas.

Hace algunos años llegó a nuestro país la cafetera eléctrica, maravillosa, pero según los tomadores de café habituales: cuelan muy flojo el café.

Lo muy cierto es, que tomar un buen café, hecho de cualquier manera, según la costumbre, devuelve la fuerza y vitalidad a cualquier persona por muy decaída que se encuentre.

Así que no hay que criticar, ni cuestionar, las formas de elaboración y mucho menos de cocción. Lo necesario es que el polvo esté bien tostado y molido, para cuando el utensilio donde se elaboró desprenda su olor, seguramente hasta los vecinos, perciben el agradable aroma que invita a tomar una humeante tacita de café.

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