jueves, enero 8El Sonido de la Comunidad

Gloria eterna a nuestros combatientes caídos en Venezuela

Desde el pasado 3 de enero, solo un tema, uno solo, inunda las redes sociales: el atroz ataque de Estados Unidos a Venezuela. Transcurrida la sorpresa y el primer impacto de una noticia que no por sabida deja de impresionar, la niebla se deshace sin remedio, nos permite observar el horizonte y la verdad, poco a poco, va cobrando cuerpo

En toda Cuba se le rinde tributo a estos hijos de la patria.

Por: Lillipsy Bello Cancio

Mucho hemos leído, visto y escuchado desde entonces, pero desde que el Presidente anunciara los dos días de duelo en homenaje a los 32 caídos en la defensa de la honra y el honor y en la medida que la muerte va asumiendo rostros, rostros jóvenes (en su gran mayoría), el dolor cala más y más profundo en el alma de una nación, cuyo único “delito” ha sido proclamar su soberanía… y defenderla con uñas y dientes.

He visto madres destrozadas, esposas, hijos, hermanos, cubanos todos, desgarrados por la crueldad de una horda criminal cuyo espíritu servil nunca entendió de hidalguía, de valor, de lealtad a la Patria. Tristemente, también he podido constatar cuán numerosos son los abyectos que regurgitan sandeces porque sencillamente sus cerebros obtusos no les alcanzan para más.

Solo 27 minutos bastaron para escribir sus historias, cuentan. ¡Veintisiete minutos fueron suficientes para salvar la dignidad de un país y tallarla con sangre cubana! Dicen los testigos que dieron tremenda batalla, que no creyeron en superioridad numérica y que ofrecieron tal resistencia que tuvieron en jaque las fuerzas norteamericanas. Fueron 200 invasores armados hasta los dientes contra 32 muchachos a punta de revólver… ¡demasiados el honor y la virtud!

Por eso, a nuestros héroes, los recibiremos sin llanto, los recordaremos en los brazos de la libertad, los abrazaremos dignos, gigantes, preciosos, en ese último aliento de camino a la eternidad. Y es que no puede ser de otra manera porque son ellos, más que materia, principios; más que carnes y huesos, símbolos; más que nativos de esta isla pequeña en el mapa pero gigante en dignidad, hijos de la libertad (que cuesta cara, es verdad y eso nos lo enseñó Martí), y de esa PATRIA GRANDE que se llama América.

Nos toca ahora entonces, a los que quedamos, a los que podemos, a los que estamos, alzar el alma de nuestros valerosos compatriotas para que aún después de muertos, sigan siendo luz y sus virtudes, ejemplos para todos… porque tal y como diría el poeta…

Si no regreso.
Si ya no vuelvo
con la risa prometida
ni el beso de los niños.
Si no me siento ante tu mesa
ni te pido café.
Si no me ves, salvo en sueños
Si estás segura de que ya no existo
no salgas a llorar
Que el llanto sea breve y justo
No sientas que he fallado a la promesa
Mejor que nombres
el amanecer
el vuelo
las campanas
Sacúdete la sombra
Emprende el canto
Si no regreso
Si ya no vuelvo
será porque no ha habido otra manera
y habré pagado con la muerte cuanto creo
No temas, por favor
Celebra mi recuerdo

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