miércoles, junio 16El Sonido de la Comunidad
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Herminio: Una vida entre números

2 herminio bello

Por Hugo Crespo Crespo.

Hace exactamente 40 años lo conocí. Era el año 1980 y yo comenzaba mis estudios preuniversitarios en el centro Roberto Rodríguez de Tres Atejes. Allí era uno de los que casi todos los días de la semana nos dejaba marcados de manera especial a los que recibíamos sus clases. Y digo de manera especial porque este pedagogo dejó huellas en una combinación casi perfecta de conocimientos y maestría para dirigirse a un auditorio.

Herminio Bello es de esos profesores que recuerdas con grandes dosis de positividad. Nunca se le vio alterado, su tono de voz suave pero firme y respetuosa y la calidad de sus entregas ante el pizarrón bastaban para que aprendiera el menos avezado del colectivo.

Sin más medios que un pizarrón, tiza y borrador y la explicación más coherente a través de su léxico, podías entrar en el complejo mundo de integrales, derivadas, senos, cosenos, tangentes y cotangentes, geometría analítica, ecuaciones lineales y otros cálculos.

En su aula, todo era quietud y atención, los más atrevidos al no saber responder, mejor callaban, cada nota daba el resultado que eras capaz de obtener, no había exceso de confianza, y nadie reclamaba algo que no tenía bien seguro que podía hacer.

Nunca ofendió, no tenía que alzar su voz para comenzar sus espléndidas clases, respetaba y era respetado, además de muy estimado y querido, no porque su salud se vio quebrantada en una ocasión, esto también, claro, conmovió a muchos, pero su comportamiento era tan magno que cada uno pudo considerarlo un padre consejero, del cual muchos estuvieron agradecidos al seleccionar algunas especialidades donde las Matemáticas es la base fundamental y puedo asegurarles que quien haya pasado por sus enseñanzas, tenía la base necesaria para continuar su sendero.

A Herminio, se le veía sonreír poco, pero ese es una dote de su actuación humana, la seriedad y el respeto lo caracterizan, pero como buen artista y evangelio vivo, a veces aportaba entre labios un chiste relacionado con los cálculos, con el único objetivo de que no se olvidaran los procedimientos cuando fueran a realizar un examen.

Recuerdo el día en el que todos atentos, nos dijo: -Miren muchachos les voy hacer el cuento de un loco que se ingresó en un hospital psiquiátrico y le decía a los demás pacientes: – te integro, te derivo y los demás huían pensando que algo malo les iba a ocurrir. Así era día tras día, hasta que llegó otro paciente. Al comenzar a decir te íntegro y te derivo los demás corrían y el nuevo se quedó como si nada hubiera pasado. Entonces le preguntó: quién tú eres que te digo te íntegro y te derivo y no te asustas. Entonces le respondió: Yo soy “e” a la equis. Así que recuerden esto “e” a la equis, ni se integra, ni se deriva. Así era este hombre sencillo que todos los que estuvimos allí podrán recordarlo con agrado, donde dejó una impronta de bien, unidos a otros imposible de olvidar como su esposa Caridad Cancio , Aramís, Alina, María Pino, Castillo, Juan Miguel, Rivas, Benito y otros que seguro estoy tú recuerdas también si eres de aquella época.

Hace algún tiempo ya Herminio no recorre aulas y pasillos de instituciones docentes, pero el Banco de Crédito y Comercio de Cabaiguán desde hace años tiene en él a un guardián de esos que no necesita de otra arma que sus valiosos conocimientos y ética para allí continuar su fecunda vida entre números.

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