Juan Alberto Pérez González, conocido como el Cable, es un personaje popular cabaiguanense, y como él mismo dice: “está en el corazón de Cabaiguán”

Por: Daisy Pilar Martín Ciriano
Cuatro años tenía Juan Alberto Pérez González cuando ya Cabaiguán se había reconocido como municipio. Hoy es uno de los personajes populares del territorio, aunque realmente él no nació aquí.
De origen humilde conoció de cerca la miseria y el abuso. Sus padres: Alberto Pérez Cabrera y María González García se establecieron en la zona de San Felipe, un lugar cercano a la línea de ferrocarril que llevaba al central San José y allí nació Alberto, un 30 de marzo de 1930.
La situación era cada vez más difícil y en varias ocasiones fue testigo de desalojos de campesinos y de familias pobres. Su padre tenía una pequeña tiendecita que daba muy poca ganancia y que al final quebró. La familia tuvo que trasladarse hacia Placetas, en busca de mejoras, pero todo resultó en vano. Apenas con ocho años, Albertico, tuvo que abandonar sus estudios primarios para convertirse en limpiabotas. A partir de este oficio realizó otros: como cargar maletas en la terminal de ómnibus, vender billetes, fregar de calderos en el hotel Liceo y vender de fritas en un carrito. Precisamente con ese carrito, llegó por casualidad a Cabaiguán.
Había afrontado dificultades con la policía por participar en manifestaciones y temiendo por su vida, decidió marcharse para Sancti Spíritus, pero al llegar al paseo de Cabaiguán se rompió el auto en que viajaba y tuvo que bajarse. Ni corto ni perezoso vendió en una esquina todas las fritas que llevaba y poco a poco valoró la posibilidad de instalarse en este pueblo, sin siquiera imaginar que sería para siempre.
Probando suerte se situó en la calle Valle y durante algún tiempo mantuvo la venta de fritas, pero un día, por casualidad, le elaboró comida a unos choferes y a partir de entonces se sumaron nuevos clientes, por lo que el carrito se hizo pequeño.
Corría el año 1954, cuando decidió poner una fonda, ya que no era permitido en aquel entonces los vendedores de comida ambulantes. Con sus ahorros y el préstamo de algunos amigos, compró un terreno en la esquina de la calle Segunda del Oeste, frente al paseo. El terreno era propiedad de un hombre al que le decían Miguel Cosquilla y que tenía allí una guarapera. Con esfuerzos logró preparar el lugar y empezó a ofertar alimentos a los trabajadores de la tabaquería, del despalillo y a todo el transeúnte que llegaba.
El modesto negocio marchaba bien en sus primeros momentos, pero un día, quiso la casualidad que Juan Alberto cambiara definitivamente su nombre en Cabaiguán. Todo ocurrió cuando el cabo Abreu, de la guardia rural, le escuchó tarareado una canción, muy de moda, del conjunto de Arsenio Rodríguez que en su estribillo decía: yo me estoy comiendo un cable, la cosa está de bala minutos después se acercó y le dijo que le tenía un apodo que lo identificaría y del cual no iba a escapar. A partir de entonces cada vez que lo encontraba decía a las personas allí presentes ‒este se llama el CABLE y es del barrio Mondongo, en Placetas‒ Las personas se fueron apegando al apodo y con el tiempo dejaron de llamarle por su verdadero nombre.
Hasta en la identificación del refrigerador se puso de manifiesto la casualidad, porque se extravió la propuesta de: Paseo Bar y en su lugar se identificó como Cable-Bar. En el corazón de Cabaiguán. Así lo conocieron los cabaiguanenses durante muchos años y disfrutaron de sus comidas, mientras que a la par, escuchaban la música de actualidad del traganíquel.
Después del triunfo de la Revolución, el Cable se incorporó a las milicias en el año 1961 y participó en diferentes movilizaciones. Su establecimiento ofreció almuerzo a las mujeres que trabajaban en la escogida de tabacos, también a miembros de las ORI y a todo aquel que necesitara de sus servicios.
Después del proceso de intervención que llevó a cabo el gobierno revolucionario el bar fue cerrado, pero el Cable se incorporó a trabajar en el hotel Manolo, La Procesadora y el Club Campestre, y otros centros; con el mismo ahínco que lo había realizado antes. Participó en el corte de caña con la brigada Eduardo García Lavandero en la zafra por los cien días, conformó una brigada cañera con propietarios de bodegas y bares para realizar actividades durante la zafra. Se entregó por completo a las actividades que se desarrollaban en el poblado y colaboró en cuanta tarea le fue posible. Hoy su entusiasmo no ha mermado, ni siquiera las afecciones de salud han podido apagar esa alegría y vitalidad con que narra sus vivencias y esa ligereza con que pedalea en bicicleta. Hoy, cuando arriba a los 96 años, aún se reafirma que él, el Cable, está en el corazón de Cabaiguán, y aún más, en el de cada cabaiguanense. ¡Feliz cumpleaños Juan Alberto!