viernes, junio 25El Sonido de la Comunidad
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La exquisitez de un muchachón super-atrevido

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La hoja que cosecha Yoandy es de la más alta calidad hoy en Cuba.

Sin saber nada de tabaco (ni siquiera fumar, pues no le gusta), un espirituano de 23 años pide la tierra que, por ser tan joven e inexperto en ese exigente cultivo, tarda y tarda hasta que… las ventajas del usufructo, una voluntad a prueba de adversidades y su extraordinaria capacidad para escuchar y emprender, terminan convirtiéndolo en referente nacional.

Texto y fotos PASTOR BATISTA VALDÉS (Tomado de Bohemia Digital)

 Félix Ramón Hernández Pérez (Tobi para todos los cubanos que giran en torno al apasionante mundo del tabaco) coge al azar otros dos ejemplares de la hoja, alterna minuciosamente la mirada entre  uno  y otro buscando diferencias pero… nada. “¡Son idénticos!” -termina admitiendo con satisfacción. Tal parece que han sido clonados.

El  asunto, sin embargo, va mucho más allá de lo meramente formal. Está en presencia de un producto que se inscribe entre los de más alta calidad en el país.

Por ello, como Director de preindustria en el Grupo Tabacuba, le dispensa un seguimiento especial desde hace ocho campañas a las áreas e instalaciones donde el joven Yoandy Rodríguez Porras fomenta el cultivo de esa planta, en  su Finca La Gloriosa, muy próximo a la Autopista Nacional, en el municipio de Cabaiguán, provincia de Sancti-Spíritus.

   ¿POR QUÉ YOANDY?

Robándole unos minutos al tiempo que de forma permanente  dedica a tocarlo todo con la mano, Yoandy deshoja, en abierta conversación, una por una, las capas que han torcido su vida, en recta e irreversible línea, desde que se anudó bien las botas y le dijo a la tierra: voy pa´ti.

“Yo no tenía experiencia en este asunto. Apenas 23 años de edad, ningún familiar mío se había dedicado antes al cultivo de tabaco… pero pedí tierra y me dieron una caballería. Solo había maleza, áreas ociosas., pero le metí el pecho. Después me entregaron otra y más adelante dos más. En estas últimas la cosa sí estaba más fea con el marabú…

“Recuerdo que comencé con tabaco al sol;  así estuve como cuatro o cinco campañas, hasta que empecé a probar con el tapado. Para entonces ya conocía algo. Inicié por una hectárea, luego dos, tres y así fui creciendo hasta tener ocho hoy, además de cuatro casas de tabaco, condiciones para el almacenamiento de productos e insumos y otras cosas indispensables”.

Obviamente, tú solo no puedes hacerlo todo ya…

“No. En momentos como este cuento con alrededor de 100 trabajadores. Fuera de cosecha oscilan entre  40 y 50. Se trata, en todos los casos, de hombres y mujeres con conocimiento de las labores. El tabaco es un cultivo muy exigente. Todo hay que hacerlo bien, de lo contrario puedes olvidarte de buenos resultados. Yo diría que en él todo es difícil, pero lo más complicado es lograr una eficiencia en cada paso, en cada labor, que las cosas salgan casi perfectas”.

Cobijados por una especie de pequeño caney -donde supongo se siente a “refrescar” durante ardientes medio días, mientras ata ideas y desata nudos que frenan- el inquieto joven llena mis oídos de posturas, canteros, siembras, atenciones culturales, defensa contra plagas, cosecha, cujes, amarre, asentamiento…  y una “ensarta” de términos más, acerca de los cuales no tenía ni la más remota idea antes de asumir esas tierras que tanto guapeó contra la resistencia de quienes no confiaban en él, por ser tan joven e inexperto en el giro.

Pero te saliste con la tuya…

Sencilla como su forma de ser, una sonrisa se le escapa para suplantar el mismo espacio que los más empedernidos fumadores suelen llenar con una bocanada de humo.

Entonces admite que sí, que ha sido todo el tiempo persistente e incansable. Pero sobre todo reconoce que ha tenido la capacidad de aprender, de preguntar, de escuchar a los que tienen experiencia, además de nunca creer que lo conoce todo.

La más autorizada confirmación de esa gran verdad brota en voz del propio Tobi, quien aprovecha un aparte para decirme algo. Creo que por dentro ardía, como el mejor de todos los habanos, en deseos de contarlo:

“En Cuba puede haber otro;  de hecho hay muchos buenos,  pero al menos yo no conozco un productor más exquisito en este momento que este muchacho. ¿Y sabes por qué ha logrado los mejores resultados y rendimientos en esa capa para exportación?: porque presta toda la atención e interés cuando uno le da algún consejo o sugerencia y porque aplica de inmediato lo que se le dice,  sin perder tiempo.”

Si en algo coinciden Tobi y otros expertos, es en que con  Yoandy se fastidió la resistencia al cambio presente en no pocos productores que terminan atrapados por la inercia a que conducen la tradición y el tradicionalismo en un cultivo así, urgido de una mentalidad bien abierta a cuantas alternativas científico-técnicas permitan enfrentar mejor las adversidades de todo tipo, los altibajos y los cambios climáticos, con incidencia directa sobre la producción.

Por eso aquel día, cuando Félix Ramón Hernández escuchó con gran paciencia la disertación del novato agricultor acerca del modo en que cultivaba la hoja, y resumió el asunto con una conclusiva frase: “lo que me has dicho es un disparate”, el joven ni se inmutó, ni se sintió ofendido. Todo lo contario, fijó aún más la mirada en Tobi, hizo silencio absoluto; escuchó atento, palabra por palabra, cada recomendación y apenas el visitante se fue, empezó a revertir en acciones lo que quizás otro hubiera acuñado con tintes de compromiso.

“En el tabaco nadie puede creer que lo conoce todo. De un año para otro hay cosas nuevas en el mismo lugar. Y Yoandy no solo lo sabe, sino que también lo lleva a la práctica. Es todo oído y acción. Ahí mismo tienes un ejemplo, en esos aspersores que ves rociando el techo de la casa de tabaco… Antes, aquí se echaba agua en el piso para crear una humedad y temperatura favorables. Por mucho cuidado que se tuviera, podrás imaginar el patiñero de fango que se armaba. Apenas se enteró de esta alternativa, ideada por un productor en Mayarí, la puso en práctica. Ahora entras ahí y notas el ambiente adecuado para la hoja en medio de una limpieza impecable.”

   Y COMO EL TABACO NO SE COME…

El vertiginoso ascenso que ha registrado la simpatía hacia este joven entre los habitantes del territorio, su fama a escala nacional y la admiración que ha despertado en personalidades que han visitado su finca, incluido Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente de la República de Cuba, no está asociado únicamente al mérito de aportar una exquisita capa para la fabricación de los mejores habanos del mundo.

Consciente, desde el principio, de que el tabaco aporta dinero, divisas, pero no alimenta al estómago, le ha dedicado esmerada atención a otros cultivos como plátano, yuca, malanga, maíz,  tomate… además de fomentar la ganadería y la crianza de cerdos.

Tal vez muchos aún se pregunten cómo el atrevido muchachón pudo obtener rendimientos de 6 toneladas por hectárea, en el maíz, algo tan posible o normal para él, como casi inaudito para la mayoría.

Con pespuntes que rayan en la leyenda, hay quienes comentan que La Gloriosa, solita, aporta más vianda que algunos municipios enteros.

A Yoandi, no lo marean  tales comentarios. Él sigue equilibrando su mundo, el que escogió, pegado a una tierra de la que se enamora cada vez más y de la que no quiere desprenderse ni con la muerte, menos ahora que se propone entregar 25 000 quintales de viandas, plátano el grueso de ellos, equivalentes al triple de lo aportado el año anterior.

Razones en torno a cómo lo logra le ha ofrecido a quienes le preguntan, incluidos numerosos medios de prensa. “Dedicación, sacrificio, mucho trabajo –me dice. Tiene que gustarte lo que haces; de lo contrario estarás trabajando por gusto. Si nada más piensas en el dinero, en los beneficios personales, las cosas no te van a salir igual. Esto lleva mucho cariño, compromiso de verdad y pensar en los demás”.

Lo observo mientras habla y me sorprende la curiosa o paradójica  coincidencia de haberse empinado en 2018 con su mejor año en tabaco, hasta entonces, cuando la provincia inscribía el peor en medio siglo.

Debe ser porque, como él mismo ha reiterado, cuando la sequía más se planta, cuando los vientos de un ciclón te golpean duro o cuando la lluvia parece que te va a ahogar la finca, “siempre encuentras un huequito para hacer las cosas, hacerlas bien, aprovechar el tiempo y echar a un lado justificaciones que ningún problema te resuelven”.

El tabaco, por supuesto: a la industria, pero… ¿las demás producciones?

“Como dije una vez en el periódico Escambray, todos mis cultivos y cosechas están en función del pueblo; conozco un solo destino para los productos: el Estado. Yo no me puedo quejar; como productor de tabaco tapado a mí se está apoyando con todo lo que el país puede, se me da seguimiento, el Grupo Tabacuba y el Ministerio de la Agricultura han depositado toda su confianza en mí. Entonces yo tengo que corresponder ese enorme compromiso con resultados que ayuden a la economía y a ese pueblo del cual vengo. Así pienso, así actúo”.

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