miércoles, agosto 10El Sonido de la Comunidad

La necedad de vivir sin tener precio

El venidero 15 de noviembre nuestro país retomará varias actividades cotidianas como parte de la nueva normalidad. La alegría de la gente, el colorido de los uniformes escolares y el rencuentro con familiares y amigos matizarán estos días pese a las acciones de quienes pretenden aguarnos la fiesta.

Por: Lillipsy Bello Cancio.

¿Ahora que mis niños regresan a sus aulas, a sus maestros, a sus amigos y a su vida de libertades y alegrías, sonrisas y bullas… placeres y paseos? ¿Ahora que se me antoja la paz revuelta por la sonrisa de miles de cabaiguanenses enanos y felices….? ¿Ahora, que otra vez los cajones quedaron vacíos y las mochilas dispuestas…? Ahora… ¿a qué vienen a convocarme?

¿A que los niños no vayan a las escuelas? ¿A que los estudiantes no usen sus uniformes? ¿A que el ama de casa no lave las sábanas blancas del abuelo encamado… a que no las tienda… a que no lo limpie? ¿Acaso pretenden que el médico deje en casa colgada la bata blanca o que la enfermera renuncie a su pulcrísimo uniforme?

Pero… ¿qué pretenden? ¿Qué a esta hora vengan a indefinirme mis propios símbolos, costumbres, tradiciones… los míos? ¿Qué el blanco ya no le pertenezca a mi paz, que la calle Valle no sea lugar de encuentro (el preferido de los que habitamos este pedazo de Cuba), que los contenes no sirvan de sillas para las tertulias de cada noche en la esquina de cualquier barrio de aquí, allá o acullá?

¿Ahora, que mis científicos demostraron que una dosis puede contener la fe y la fuerza de un país? ¿Justo ahora que nos levantamos desde la convicción de los agradecidos? ¿Ahora que podemos abrir nuestras fronteras y mostrarle a todo el que quiera esa verdad inmensa en la que no falla ni una pieza y nos sitúa más inmunes, más felices frente a un  mundo que no puede menos que reverenciar esa manía empedernida de los cubanos de restregarle a los poderosos nuestras más humildes y felices realizaciones?

¿Ahora que mi gente puede ir y venir?…. y va y viene… porque quiere encontrar a los suyos aquí y abrazarlos y sentirlos y contarles… y llorar juntos cada muerto, cada enfermo, cada uno de los que ya no está?

¿Y dónde quedan mi amiga iyabó y los santeros de este país para los cuales el blanco es cuestión de honor, de respeto… un símbolo irremplazable, insustituible…. ¿a dónde creen que la estupidez puede ir a parar?

¿Cómo le hace la profe universitaria para desechar las blusas blancas, los vestidos blancos, las pantalonetas blancas que tanto le gustan? ¿Quién le puede negar o intentar arrebatar el placer de sentarse en el parque con sus alumnos, con sus libros… con sus caprichos?

Es aquí, justamente, donde se me ocurren, entonces los versos del poeta: Dicen que me arrastrarán por sobre rocas… Cuando la revolución se venga abajo… Que machacarán mis manos y mi boca… Que me arrancarán los ojos y el badajo… ¿Será que la necedad parió conmigo, La necedad de lo que hoy resulta necio, La necedad de asumir al enemigo… La necedad de vivir sin tener precio?

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