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Sombra

Los cambios de humor en los niños y niñas

Es normal que un niño experimente variaciones en su estado emocional, especialmente durante el crecimiento. Cada etapa conlleva experimentación con alguna de las emociones pero cuando los cambios de humor son bruscos, frecuentes, muy intensos, e incluso en ocasiones “fuera de etapa”, pueden ser motivo de preocupación

Por: Doctor Arnel Antonio Rodríguez Cordero, Especialista en Psiquiatría Infantil

«Doctor, ¿esto que hace mi hijo es normal?»

En consulta me hacen esta pregunta casi todos los días. Muchas veces la dicen bajito, como si les diera pena.

Mi respuesta suele empezar igual: depende. Las rabietas, los cambios de humor y las etapas de rebeldía son parte de crecer. Alrededor del 70 % de los niños de 18 a 24 meses hace rabietas, y el pico se ve entre los 3 y los 5 años. Si tu hijo las hace, no tiene nada de raro.

La pregunta de fondo es otra: ¿dónde termina lo normal y dónde empieza el sufrimiento? De eso quiero hablarte hoy, con calma y sin asustarte.

Un mal día no es lo mismo que una señal de alerta

Un berrinche casi siempre tiene explicación: sueño, hambre, un «no» a destiempo, un cambio en la rutina. Estalla, pasa, y al rato el niño vuelve a jugar como si nada.

Los números ayudan a ponerlo en perspectiva. En los niños pequeños, la rabieta típica dura unos 3 minutos, y la mayoría termina entre el minuto y medio y los 5 minutos. Solo entre el 2 % y el 6 % de los niños tiene rabietas de más de 30 minutos.

Lo que separa una rabieta normal de una que preocupa no es un solo dato, sino un conjunto. Cuenta cada cuánto ocurren, cuánto duran, si pasan también fuera de casa y si el niño se desborda de una manera que no logra controlar. Además, los investigadores sospechan que los niños con rabietas muy largas pueden quedarse atrapados en un estado emocional negativo, sin poder salir de él.

Por eso, más que lo escandalosa que sea la crisis, yo miro cuánto le estorba al niño para vivir su día: en la casa, en la escuela, con sus amigos.

Cuándo conviene consultar

Estas son las situaciones en las que recomiendo una evaluación:

  • Rabietas muy largas, muy frecuentes o muy intensas. Un estudio consideró problemáticas las que incluyen agresión física, duran más de 15 minutos o se repiten más de 3 días por semana. Otra guía para familias pide consultar cuando pasan de 25 minutos y hay agresión, autolesión, el niño no logra calmarse solo, o su ánimo sigue mal entre una rabieta y otra. Pesa más si el niño ya pasó los 4 o 5 años.
  • Daño a sí mismo o ideas de no vivir. Se golpea, se muerde, se jala el pelo, o dice que no quiere vivir o que quisiera desaparecer. Esto nunca se deja para después ni se toma como «cosas de niños».
  • Un ánimo bajo o una irritabilidad que no se va. Tristeza profunda, apatía o mal humor casi constante durante dos semanas o más. Aun cuando no llegue a ser un diagnóstico, la irritabilidad persistente en niños es un factor de riesgo de depresión, suicidio y consumo de sustancias.
  • Cambios en el sueño y la comida. Le cuesta muchísimo dormirse, tiene pesadillas o terrores nocturnos seguidos, o rechaza la comida de forma sistemática.
  • Aislamiento. Deja de jugar, ya no quiere compartir con amigos o familia y prefiere encerrarse.
  • Retrocesos. Volvió a orinarse en la cama después de haber logrado controlarse, o retomó conductas de una etapa mucho más temprana y no las sueltas.
  • Caída repentina en la escuela. Bajan las notas, no se concentra o se niega en rotundo a ir, sin una razón que lo explique.

Las dudas que casi siempre aparecen

Cuando explico todo esto, salen siempre las mismas objeciones. Son razonables, así que vale la pena responderlas.

«Yo era igual de pequeño y salí bien.» Puede ser cierto, y ya vimos que las rabietas son comunes. Pero fíjate en lo que muestra la investigación: las rabietas más frecuentes se relacionan con más problemas de conducta, y las más largas con problemas como la ansiedad y la tristeza. No podemos saber de antemano qué niño saldrá solo. Por eso miro cuánto le pesa, no solo si al final se le pasa. 

« ¿Y si le pongo una etiqueta a un niño que es normal?» Evaluar no es diagnosticar. Muchas veces la conclusión es que tu hijo está bien, que lo que ves es propio de su edad, y que hay formas de acompañarlo mejor. Salir de la consulta con esa tranquilidad también es un buen resultado.

«Es que tiene una razón: se separaron sus padres, murió su abuelo.» Que haya una causa explica el malestar, pero no lo borra. Un niño que sufre por un motivo comprensible sigue sufriendo, y merece acompañamiento igual.

«Si lo llevo al psiquiatra, lo van a medicar.» Evaluar no es medicar. Las recomendaciones para los problemas de conducta ponen primero el trabajo con el niño y la familia, enseñándoles habilidades. Y en niños pequeños con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad  (TDAH), por ejemplo, la Academia Americana de Pediatría recomienda empezar por entrenar a los padres antes de probar cualquier medicina. Cuando un medicamento sí hace falta, se decide con calma y explicándote todo.

«Si le pregunto si piensa en hacerse daño, ¿no le meto la idea en la cabeza?» Es el miedo más común, y la evidencia dice que no. Una revisión de 13 estudios, con adolescentes y adultos, no encontró ningún aumento de pensamientos suicidas por preguntar, y hablar del tema incluso puede reducirlos. Un metaanálisis encontró que en los adolescentes esa reducción fue casi el doble que en los adultos. En niños más pequeños hay menos estudios, pero uno reciente con preadolescentes tampoco encontró que preguntarles aumentara sus pensamientos suicidas. Si te preocupa, pregúntale directo y con calma.

Pedir ayuda a tiempo

Buscar ayuda profesional no significa que hayas fallado como padre o madre, ni que estés etiquetando a tu hijo. Lo que buscamos es entender de dónde viene el malestar para darles a él y a tu familia herramientas que sirvan. Cuando una ansiedad, una depresión infantil o una dificultad para adaptarse se detecta a tiempo, el sufrimiento tiene menos oportunidad de instalarse y de acompañarlo durante años.

¿Necesitas orientación?

Si reconoces una o varias de estas señales en tu hijo o hija, no esperes a que el malestar crezca. Acércate al equipo de salud mental de tu área de salud. Es el paso más seguro para cuidar su bienestar y recuperar la tranquilidad en casa.

Tu opinión nos importa

¿Alguna vez dudaste si algo que hacía tu hijo era normal? ¿Qué te ayudó a decidirte a pedir apoyo? Cuéntanos en los comentarios de nuestro sitio web o en las redes sociales de la emisora.

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