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María Luisa Enríquez, vivirás en la cultura de tu pueblo

La jubilada del arte y la cultura en Cabaiguán hace diez días dejó de existir, pero su obra permanece entre los trabajadores del sector y el pueblo del territorio

cultura
María Luisa Enríquez Rodríguez también se destacó en el sindicato de la cultura del municipio

Por: Daisy Martín Ciriano (Museóloga)

Para el territorio de Cabaiguán y sus zonas adyacentes, la creación de las diez instituciones básicas culturales, significó una apertura al conocimiento de manifestaciones, hasta esos momentos desconocidas y muchas de ellas vedadas.

Aquel 25 de abril de 1982 nacieron más artistas, más lectores, más pintores y más responsables en cada instancia.

Una de estas diez creaciones fue la Galería de Arte, bajo la dirección de María Luisa Enríquez Rodríguez. Una joven locuaz, laboriosa, nacida el 21 de junio de 1949, en Zaza del Medio, que se apegó a Cabaiguán tempranamente.

Por eso no fue casual su selección para dirigir el trabajo expositivo en un local, algo estrecho y alargado. Esta característica pudo ser un obstáculo para su trabajo, pero por su posición en la calle principal del poblado, la divulgación cobraba auge. Su Directora se distinguía por su buen carácter y coordinaba con la Dirección provincial tanto las muestras expositivas como la actuación de artistas para amenizar cada actividad. Por aquel tiempo Pupo Brito, un virtuoso pianista y amigo del Museo, asistía con frecuencia para dar el toque musical que tanto gustaba a los asistentes.

Y qué hablar del trabajo sindical de María Luisa, que desempeñó poco tiempo después. Asistía frecuentemente a las movilizaciones, que por los años 80 se realizaban en las zonas cañeras de Bernal 1 y 2 en Jatibonico, El Majá y El Paraíso. No la detenía ni siquiera el dolor de su resentida rodilla, o los desvelos en las madrugadas. Siempre afable y dispuesta trasmitía los horarios y fechas de salida, a la vez que aglutinaba a sus sindicatos. Su cercana raíz canaria le hacía persistente y constante.

Tras su jubilación no se desvinculó, mientras pudo andar, de sus compañeros. Los visitaba con frecuencia y se interesaba por su salud. Mariíta, como cariñosamente le llamaron en Cultura, dejó de existir hace solo diez días. La noticia no se expandió y la gran mayoría no le pudo dar el adiós merecido. Hoy desde esta página se le recuerda y se le agradece haberla conocido.

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