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Precios por las nubes lastran economía familiar cabaiguanense

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Por: Lillipsy Bello Cancio

Veinticinco pesos por una libra de ají pimiento, hasta treinta por una de tomate y setenta y cinco por igual cantidad de frijoles son algunos de los precios que golpean, los bolsillos, los rostros y hasta la dignidad de los cabaiguanenses por estos días.

Comentar sobre el tema corre el riesgo de llover sobre mojado y hasta de echar en saco roto por aquello de que siempre hay quien defiende a los “pobrecitos carretilleros” que son quienes tienen de todo y garantizan el plato de los cabaiguanenses; o porque mejor algo, aunque sea caro, que nada; o porque sencillamente (y esto es lo peor) nos hemos acostumbrado a saciar allí y en los puntos de la agricultura urbana, amén los precios, nuestras necesidades alimenticias.

Y todo eso puede contener algunos matices de una realidad que por lo menos aquí en Cabaiguán tal pareciera que no encuentra otra manera de manifestarse, pues las acciones de control, aunque se han realizado, no son sistemáticas; los mecanismos para identificar los infractores no son lo suficientemente efectivos y aún, las multas y las medidas adoptadas no se comportan (ni en cantidad… mucho menos en valor) a la altura de las violaciones.

El día cero no ha llegado y tal pareciera que en este pedazo de Cuba ya se incrementaron los salarios; las afectaciones provocadas por las lluvias de Eta todavía no se han terminado de cuantificar y ya los productos comenzaron a subir, y por si fuera poco, la crisis energética que atraviesa el país desde septiembre del año pasado, parece que dañó solo al sector estatal porque a los propietarios de estos puntos móviles nunca les faltó variedad y calidad en sus ofertas.

Aunque se mantienen topados, los precios de los productos agropecuarios se han disparado en medio de la escasez asociada a la COVID-19, pero aquí esa no es la noticia… los cabaiguanenses nos quedamos sin aliento, rezongamos, algunos hasta enfrentamos semejantes desvergüenzas, pero… lo cierto es que la impunidad sigue campeando por su respeto.

Ejemplos sobran y necesidades, también; pero el malestar mayor lo padecen los bolsillos y los platos, pues no son pocos los que después de pasar, mirar y preguntar… tienen que seguir y con la jaba vacía.

Eufemismos aparte, vale la pena destacar que aunque el entonces Consejo Provincial de la Administración, hoy de Gobierno, desde el pasado año haya dispuesto precios máximos a cerca de un centenar de productos y servicios en el sector no estatal, pasado todo este tiempo carretilleros, vendedores ambulantes y revendedores chasquean resoluciones, burlan controles y coartan la legalidad con una desfachatez que insulta, pero que no satisface… para no variar.

¡Y claro que a lo aquí planteado, hay que agregarle la insuficiente oferta estatal por causas que van desde la situación de crisis creada por una pandemia que ha puesto en pausa la economía mundial y el recrudecimiento de un bloqueo que no ha hecho más que apretar hasta casi dejarnos sin oxígeno, hasta el hecho de la insuficiente explotación de las reservas productivas que tiene este municipio, reconocido como uno de los polos productivos más importantes de la provincia.

Para que el sustento diario de nuestra mesa tenga su precio justo no queda más remedio que producir más pero, en lo que llegan las nuevas disposiciones y se aplican las últimas propuestas, habrá que desafiar, con la misma pujanza que se enfrenta la pandemia, esta especie de marchantes marcados por el egoísmo, personas que en tiempos de crisis se aprovechan de una enfermedad cuya cura, por suerte, está cerca de ser una realidad para los científicos cubanos, aunque después habrá que inmunizarse de esas otras secuelas que lastran la economía familiar, para las que todavía no existe ni un solo candidato vacunal.

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