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Si la honradez tuviera apellido, ese sería Agramonte

Si la bondad tuviera rostro, si la honestidad tuviera cara; sin lugar a dudas fuera la de Jorge Agramonte Sánchez. Imposible estar ajeno a sus carcajadas, al trato cargado de respeto a sus regaños que parecían caricias.

Agramonte

Por: Aramis Fernández Valderas y Daisy Martín Ciriano

Jamás podré olvidar esos dientes tan blancos que sobresalían del rostro tan negro, jamás podré tocar la puerta de mi casa sin recordar que me le hizo el último arreglo. Los años no te detenían maestro del barniz y la carpintería fina, tampoco te apartaban de esas raíces tan bien plantadas en Cabaiguán, pueblo del que te llevas un gran pedazo a la gloria.

Agramonte, sin proponértelo, el pueblo te distingue, cada cual te lleva en su corazón. Llegaste a la vida atado a la historia y la Cultura el 20 de octubre de 1939.

Apenas tuviste uso de razón   te fajaste con el trabajo como cargador de maletas y limpia botas, al cumplir nueve años tu padre te ubicó como aprendiz de carpintero y barnizador, labores que alternabas en horarios diferentes, con el estudio en la escuela pública hasta que alcanzaste el cuarto grado. Y poco a poco después el noveno en 1984, sin embargo hablabas como un catedrático, citabas frases de importantes textos, retenías los principales acontecimientos municipales, nacionales e internacionales con lujo de detalles y hasta actuaste como  juez lego y no para decir si o no ante una sentencia, sino para debatirla porque te sabías el código penal de punta a cabo, eras un universitario graduado en la universidad de la calle.

Entre la garlopa, los martillos, la sierra y el aserrín de la carpintería Unidad Proletaria pasaste gran parte de la vida, también como fabricante de guitarras en la antigua fábrica cabaiguanense.

Eras sabio, sí que lo eras porque no te aferraste a un criterio y nunca concordaste con ningún vividor, a ti había que oírte, quisieran o no quisieran por que imponías el respeto con la mirada.

Con su ejemplo y enseñanzas, lograste que tus hijas cursaran estudios universitarios y que hoy sean trabajadoras destacadas como tú en los frentes que desempeñan. Con ellas te estableciste en los últimos tiempos en la ciudad de Sancti Spíritus, pero nunca tu Cabaiguán querido quedó olvidado.

Este 26 de diciembre con 83 años sobre la espanda, a pocas horas de recibir el 2023 nos has dejado, para acompañar al año que se marcha, pero ni siquiera así tu impronta se alejará de la Unión Proletaria, de las calles y comercios que transitabas, ni de los muchos amigos de diferentes generaciones que bebían de tus recuentos y anécdotas.

No te marcharás por siempre, amigo, tus memorias continuarán escritas y cada día saldrán contadas a recorrer tu querido y lindo Cabaiguán y te pido permiso para que el día en que la honradez tenga apellido ese sea, ¡Agramonte!

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