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Tabaco: tradición, cultura y continuidad en Cabaiguán (+Audio)

Este 29 de mayo, Cabaiguán conmemora el día del trabajador tabacalero. Sirva esta fecha para homenajear a todos aquellos que hacen posible, desde el surco hasta la degustación, que el Habano cubano siga siendo el mejor tabaco del mundo

Este 29 de mayo el municipio honra a todos sus trabajadores tabacaleros.

Por: Lillipsy Bello Cancio

6:00 a.m. de un día cualquiera entre octubre de un año y mayo del siguiente… no pocas esquinas de este pedazo de Cuba son testigos de concentraciones de hombres, mujeres, jóvenes, gente de todas las edades que espera a ser recogida para acudir al campo, doblarse sobre el surco, sembrar, recoger, “ofrecerle tratamiento cultural” a la hoja, la más aromática, la más seductora, la más universal.

Misma hora al centro de la ciudad: el tambor o mesa de trabajo ya ha sido ocupado. La chaveta, dispuesta a iniciar. Se revisa la prensa o moldes, se voltean los tabacos, pasan, se llenan a mano… el día termina cuando se haya cumplido la norma.

Detrás de los números, resultados y exportaciones está la fuerza de manos hábiles y brazos emprendedores que levantan las tablas. La belleza y el gusto al paladar, el aroma, se hacen llamar Cohíba, Montecristo, Romeo y Julieta… Cada una de las marcas, nacidas del esfuerzo de un puñado de hombres y mujeres que construyen aquí, desde el campo mismo, el aroma de una tradición devenida arte, esencia, identidad.

Y es que Cabaiguán es tierra de tabaqueros, de campesinos- artesanos o artesanos- campesinos, de gente emprendedora amante de la tierra, del “buen hacer”, del orgullo que significa disfrutar el campo… uno lleno de verde, de botones, de venas por los que no corre sangre, más sí continuidad.

Pero no son los de aquí solo prósperos emprendedores, empedernidos guajiros expertos en eso de hacer parir la tierra, capaces de lograr niveles productivos impensados en medio de una crisis como la que ha atravesado este país el último quinquenio, de construir sus propias escogidas para beneficiar su tabaco, de levantar más y más casas de cura como si en ello les fuese la vida.

Son hombres comprometidos con su tiempo y con su gente, con este pedazo de Cuba que los vio nacer y que les heredó la fertilidad y la cultura, que con el verde impregnado en la mirada construyen desde el presente un futuro que pudiera ser mejor si existieran más seres humanos como ellos, que han donado kits solares a la Casa de Niños sin Amparo Familiar y que se confabulan para hacer lo mismo con otras instituciones sanitarias del territorio, que han aunado esfuerzos para devolverles a nuestros niños un parque infantil que parecía destinado al olvido, que han arreglado caminos y reparado escuelas.

Entre los nuestros, ya sea con 94 o con 25 años, con más o menos tierras, hombres o mujeres, a los tabaqueros cabaiguanenses los define el amor desmedido e incondicional por esta Isla hermosa, por la tierra fértil y agradecida, por los más humildes y por la libertad… la libertad de crecer, de acompañar, de construir. Los define, claro, esa mística que el tabaco desarrolla en el hombre: una intuición que es mucho más que técnica y que exige, eso sí, cariño, dedicación, cuidados constantes y estabilidad.

El tabaco es tradición y patrimonio cultural del pueblo cubano. Cuando mucho se preguntan ¿cómo pasar entones el gen del amor por la tierra a los más jóvenes? Esta interrogante, que ha supuesto grandes retos,  se materializa en los actuales productores cabaiguanenses. ¿Cómo preservar el legado?, no es ahora mismo, una preocupante que desvele aquí. Basta mirar al campo y allí están todas las respuestas.                        

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