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Toña: “El Che era una de esas personas que se ven y no se olvidan”

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Por: Aramis Fernández Valderas

Antonia María Hernández López (Toña), fue de las primeras cabaiguanenses que ascendió hasta el campamento de Manacas Ransola en las montañas del Escambray para entrevistarse con el Comandante Ernesto Che Guevara cuando se consolidaba la unidad entre las agrupaciones rebeldes en el centro de Cuba, años antes de fallecer, cuando se asomaba a las noventa primaveras, rememoró sus encuentros con el guerrillero.

“Habíamos tenido más o menos cruce de papelitos y de cosas de esa de gente mandada para allá y recados para acá y todas esas cosas, pero de verlo fue esa vez, una impresión muy impactante porque el Che era una persona que tú lo mirabas y de mirarte nada más, te impresionaba”.

Así explica Toña su primer contacto con el comandante guerrillero que tenía como propósito incrementar el apoyo de los hombres y mujeres del llano a las tropas que operaban en el macizo montañoso.

“El era amable, pero al mismo tiempo era una gente que impresionaba con la forma en que hablaba. Conversamos mucho, sobre todas las cosas, hablamos de las lomas y de la gente que se enviaba para allá y lo que estábamos haciendo en Cabaiguán y lo que debíamos hacer; fue una entrevista muy amena, muy cordial y al mismo tiempo recibí muchas instrucciones por parte de él”.

El encuentro de Manacas Ransola, no fue el único que sostuvo Antonia María con el Guevara, unos tras otros se fueron sucediendo, el 22 de diciembre de 1958, cuando aún sonaban los disparos en el combate contra el ejército de la tiranía, el Che convoca a Toña y a otro grupo de personas para encargarles la organización civil del municipio.

“A mí me dijo, tú te ocupas de los maestros y la educación, como yo era educadora y maestra, yo le dije sí, pero no le podemos pagar porque estamos todavía en el clandestinaje, y me dice, ¿he que te pasa?, claro que no hay que pagarle, pero hay que hablar con ellos para que sigan trabajando, los niños no pueden estar un día sin recibir sus clases

El Che había llegado a Cabaiguán para quedarse, en esta época no son pocas las personas mayores que juran haber conversado con él, que cumplieron sus órdenes y hasta que recibieron sus regaños. Consideran que fue el privilegio de una época en que el Comandante Argentino comenzaba a convertirse en mito y los cabaiguanenses de entonces defienden su protagonismo hasta el punto de adelantarse a la disposición nacional de darle la ciudadanía cubana y el día 8 de febrero de 1959 lo convierten en hijo adoptivo de Cabaiguán, “Por el valor demostrado en la campaña de liberación y el afecto fervoroso que supo cultivar entre los vecinos de este pueblo”, según reza en el documento bajo custodia del Museo Municipal de Historia. Antonia María Hernández fue la escogida para entregar el pergamino a Ernesto.

“El Che estaba muy contento, lo más que recuerdo de ese día cuando el cura de Cabaiguán le pidió la firma de un autógrafo y le dijo, padre pero usted también cae en eso, a mi me dio un abrazo que me hizo sonar todos los huesos”

Y añadía Toña: “El Che con su barba y su manera de ser, el Che era un hombre para no olvidarse de él, era una gente muy especial una persona que se te paraba delante y tenía unos ojos que te taladraban, era una gente extraordinaria de esas que se ven y no se olvidan”.

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