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De nuevo, un curso escolar diferente

Existe la esperanza de que dentro de poco tiempo, los televisores que hoy permiten un inicio del curso escolar de manera virtual vayan dando paso a la presenciales en las aulas cuando la COVID-19 empiece a sentir los golpes de las vacunas

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Desde las salas de los hogares los estudiantes asisten al comienzo del curso escolar.

Por: Lillipsy Bello Cancio

Otra vez inicia septiembre y con él el curso escolar… otra vez, como hace dos años, bajo circunstancias excepcionales y sin la alegría que significa cada primer lunes del noveno mes del año… esta vez, tampoco las calles se llenaron de pañoletas rojas y azules, lazos de todos los colores, mochilas nuevas (o casi nuevas), y rostros expectantes, asustados… felices todos.

Nos perdimos, una vez más, el espectáculo absurdamente delicioso de la mamá nerviosa, el padre apurado y la abuela llorosa porque es el primer día de escuela de la niña y no puede llegar tarde, tiene que ser perfecto, inolvidable para ella, aunque, claro, siempre habrá tiempo para una foto antes de salir de casa (la primera) con el uniforme impecable, el peinado ideal y los zapatos “limpísimos”, “lindísimos”, “nuevecitos de paquete”….

Y todo por un bicho, por un virus minúsculo e invisible que se ha empeñado en restregarnos en nuestras propias narices que somos “nada”, que es más fuerte que nosotros como de aquí a España ida y vuelta, y que aunque no lo veamos, nos ha puesto la vida al revés y lo seguirá haciendo mientras sigamos siendo igual de absurdos, igual de arrogantes, igual de irrespetuosos.

Este septiembre otra vez, quedaron pospuestos los abrazos, las aulas llenas de esa incontrolable alegría que significa siempre el reencuentro entre alumnos y maestros y de estos con la cocinera, la “tía” que los cuida en el horario de descanso, con la directora siempre firme y recta en sus planteamientos pero justa y comprensiva, atenta y preocupada, solícita y responsable.

Pero, este septiembre llegó con la buena nueva de que nuestros niños serán todos vacunados, que sus profes serán protegidos, que la dicha del reencuentro ha sido aplazada, nada más aplazada… y que junto a la enorme dicha  que significa el momento, también se impone mamá, papá, extremar los cuidados, ser todavía más sensatos, más prudentes, más esmerados.

Y habrá que serlo con respecto al proceso de vacunación, sí, pero también para garantizar que todos vean las teleclases, que ya sabemos no es igual que tener al maestro delante, pero constituye (de hecho ha constituido la única vía) en estos tiempos de COVID para que nuestros niños y adolescentes continúen aprendiendo y sistematizando contenidos.

Ya sé que es esta una labor casi titánica, especialmente cuando se trata de los “mayorcitos” que tiene los horarios invertidos y se han convertido en noctámbulos empedernidos y se los hemos permitido por aquello de que durmiendo casi todo el día disminuyen el agobio y las ganas de salir.

Llegó septiembre y aunque no se abrieron las escuelas para los estudiantes y en muchos centros educativos continúan predominando la ropa verde y los esfigmos, las medicinas y las batas blancas, la incertidumbre y los PCR, el curso escolar sí comenzó… y comenzó con la esperanza, ahora más cercana, de un día, más temprano que tarde, nos volveremos a encontrar.

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