El hogar de ancianos María del Pilar Boan Camacho de Cabaiguán cuenta con un total de 35 ancianos, de ellos 29 internos y 6 seminternos, los cuales transitan por el centro llenos de amor y cariño de cada uno de los trabajadores

Por: Hugo Crespo Crespo
Era alrededor de las 9:00 am; el piso aun conservaba la humedad de la limpieza que había concluido hacía unos minutos. Al llegar se impuso un saludo y las manos extendidas a los presentes. Después me dispongo a explicar el objetivo de mi visita y pregunto por el Director del centro; pero alguien me responde: no existe desde hace un año, así como tampoco el encargado de la administración.
Mi asombro no se hizo esperar, y mi interrogante interior fue ¿Cómo entonces funciona este centro? A esto respondió la enfermera de turno Mariuska Lafita Castillo, quien me propició importantes datos del sitio que ese día tenía en mi agenda, el hogar de ancianos María del Pilar Boan Camacho de Cabaiguán.
La profesional de la enfermería con veinte años de experiencia y seis en este objetivo, me explicó que el hogar cuenta con un total de 35 ancianos, de ellos 29 internos y 6 seminternos. Además me expresó que el centro funciona dirigidos por los mismos trabajadores, quienes saben la labor que realizan y la cooperación que en tal sentido existe entre todos.
Al lugar del diálogo llegó Odalys Pérez Denis, especialista en Recursos Humanos con 15 años de labor en el hogar, quien además de ocupar este cargo, es una de las personas de más experiencia y quien lleva una parte considerable de la asistencia y disciplina en la institución.
Pérez Denis, aseveró que el trabajo en el hogar transcurre sin dificultades, con unidad y sentido de pertenencia de todos los 46 obreros que allí laboran. En su horario del día se realizan de forma correcta todas las actividades como el desayuno, las tres meriendas, el almuerzo y la comida, donde siempre los elementos necesarios para su alimentación están presentes, así como las donaciones de campesinos como es el caso de Yoandy Rodríguez Porras y de otras entidades agrarias del municipio, quienes aportan vegetales, cárnicos, especias, legumbres y otros alimentos.



Por otra parte explicó que se cuenta con el grupo electrógeno para momentos esenciales de la ausencia de energía eléctrica de la red nacional y se ofrecen actividades culturales con invitados de la biblioteca pública Beremundo Paz, de la Casa de Cultura Arturo Alonso Díaz y del Museo Municipal.
Además otros organismos y organizaciones no gubernamentales colaboran con los que residen en el sitio, con la entrega de productos de aseo, meriendas especiales, ropa y cenas en fechas especiales.
La funcionaria detalló que a pesar de existir algunas plazas vacantes, la atención a los ancianos no se detiene como es el caso del cuidado a los 8 impedidos físicos que conviven en el lugar y el lavado del avituallamiento, una de las labores más demandadas, acción que se realiza entre todos, al no contar con este puesto cubierto.
De igual forma se incorpora a la entrevista la doctora Lillipsy Sosa Morales, con veintiséis años de experiencia y uno en este sitio, la cual expone la satisfacción que siente al trabajar para estas personas, quienes merecen un trato correcto, el cariño y dedicación que no poseen de su verdadera familia.
Sosa Morales, expone que existen los medicamentos para cada uno de los tratamientos que presentan los ancianos, quienes tienen padecimientos de presión arterial, diabetes, infección renal, párkinson, trastornos psiquiátricos y enfermedad pulmonar crónica. Además se reciben donaciones de personas naturales y jurídicas, con previa revisión de lo que se aporta por parte de ellos.
La especialista en ciencias médicas argumenta que existe un riguroso control de los medicamentos, sus horarios establecidos y un personal de enfermería con la profesionalidad requerida para este proceder.
Antes de concluir fue muy oportuna la visita y conversación con algunos de los abuelos que allí residen, quienes expresaron con titubeos la correcta atención, el trato amable y dedicación de este colectivo para con ellos.
Entre los presentes dialogué con Miguel Ángel González, quien todos llamamos por el seudónimo de ¨Gollejo¨, natural de la comunidad de Potrerillo, quien conocí desde mi infancia, por el cual siempre demostré afecto y cariño.
El efecto de mi visita y la entrega de un pequeño obsequio, provocó gran satisfacción en este humilde hombre, quien a muchos ayudó cuando residió en la zona, siendo chofer de un jeep de la secundaria provisional de Tres Atejes.
Hoy, Miguel Ángel o mejor Gollejo, carece de visión, pero este día tal parece que me vio y me entregó su sonrisa, no a través de sus ojos, sino con el corazón.
