sábado, junio 19El Sonido de la Comunidad
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Veneración a la identidad

2.1 Símbolos Nacionales

La mayor de las Antillas ni su pueblo son los mismos de hace una década atrás. A la metamorfosis que para bien ha movido cada palmo de la isla en aras de hacer y pensar como país, la Ley número 128, Ley de Símbolos Nacionales de la República de Cuba deviene uno de esos cambios que necesitaba la casa donde residen más de 11 millones de habitantes.

Previo a los debates que condujeron a la aprobación de la normativa, el historiador de la ciudad de La Habana, Doctor Eusebio Leal Spengler, manifestó que “es lícito que un joven tenga bordado en su pulóver la bandera y que las personas conserven este estandarte en su hogar. Lo inaceptable es utilizarla de mantel en la mesa, verla desagarrada por el ciento (…)”.

Más claras no pueden ser las palabras del ilustrísimo. El nuevo cuerpo legal vela por preservar los orígenes de los distintivos de nuestra nación, frutos de sacrificio y rebeldía. Lograr que los nacidos aquí respeten y veneren la insignia tricolor de la estrella solitaria, el himno de Bayamo y el escudo de la palma real,   aunque existen otros símbolos patrios expresiones de las luchas del pueblo en diferentes momentos históricos, estos sintetizan lo más auténtico de la identidad  en los planos nacional y foráneo.

La Ley no puede quedar engavetada. Hojearla, aplicarla y cumplirla compete a todos. Pero la escuela no solo es la responsable de inculcarla a los arquitectos del futuro pero sí la que más influye en transmitir lo legislado.

Si bien ahora resalta la posibilidad de confeccionar la bandera con otros tejidos o materiales adecuados en aras de facilitar su adquisición y uso, ello no significa que la lleven en objetos, obras de arte y escritos.

Para desterrar la ignorancia en estos temas y dignificar los símbolos patrios, consta en el texto legal, que “de utilizarlos en prendas deben ir situados al frente de las mismas, y no formar parte de pantalones, sayas, pañuelos de bolsillo, ropa interior o de baño”.

Infelizmente, tal parece que muchos viven en otro planeta o les resulta imposible entender lo que en claro español queda refrendado y pisotean, sin saberlo, sus raíces y decoro.  

El himno que Perucho Figueredo concibiera no debe ejecutarse con fines publicitarios y se entona con el vigor de un canto de combate, siempre en silencio; mas asoma  el murmullo en ciertas ceremonias. Permitirlo sería una total ingratitud a quienes ayer lo dieron todo por el hoy.

Incontables resultan las  veces que hemos visto en tiendas o ferias comerciales suvenires que, en vez de realzar el sentido de cubanía, terminan convirtiéndose en un acto desmedido y hasta grotesco, alejados de la grandeza y esplendor de los símbolos nacionales.

La Ley está dictada. De su parte queda conocerla, defenderla y respetarla. Así también hacemos Cuba.

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