sábado, junio 12El Sonido de la Comunidad
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Verracos célebres

3 verracos celebres

Por: Rodovaldo Rodríguez Hernández

Cabaiguán es “el pueblo de los verracos”. A todos los que allí nacimos, cuando llegada la ocasión hay que decir el lugar de nacimiento, inmediatamente detrás viene el sello que nos identifica en toda Cuba, desde la Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio en una expresión que surge espontáneamente: –“!Ahhh, así que tú eres de Cabaiguán, del pueblo de los verracos!”.

Claro que de tanto oírla ya no nos causa molestia o disgusto alguno sino todo lo contrario: se nos está ratificando el sello de origen, asociado a un animalito que no es tan tonto como algunos piensan.

Si analizamos con calma el asunto, nos daremos cuenta de que el verraco es realmente un animal dichoso, porque no tuvo la desgracia de que le cercenaran los testículos acabado de nacer para convertirlo en un cerdo que después crece, engorda y finaliza su existencia   en un caldero o atado en una parrilla y expuesto a fuego lento durante horas.

El verraco no. El verraco tiene la suerte y el privilegio de que le dejan intacto el aparato de la reproducción, que se convierte en su instrumento de labranza. Entonces su vida completa tiene un solo objetivo: preñar todas las puercas que le lleven hasta su corral. Y lo más lindo es que su oficio no le permite engordar. De manera que mantiene siempre la línea. Tampoco tiene que preocuparse por la edad: los verracos se mueren de viejos. No por la buena voluntad, respeto o cariño de sus dueños sino porque su carne y grasa hieden de forma tan desagradable que no hay quien se las coma.

En  Cuba el calificativo verraco se utiliza despectivamente para aplicarlo a las personas que se les juzga o considera distraídas, tontas, torpes, y otros calificativos más gordos que todos los cubanos conocemos.

Todo lo contrario ocurre en Colombia, Venezuela y otros países centro y suramericanos. En esos lugares cuando alguien afirma que “ese tipo es un verraco”  se está refiriendo a una persona emprendedora, despierta, dichosa, bárbara, parrandera, adinerada, etc.

Obviamente este empleo se ajusta más a la realidad irracional del animalito, porque cada vez que éste va a ejercer su oficio lo hace con una dicha inigualable y su trabajo es una verdadera parranda. Desde este punto de vista, ¡cuántos humanos no quisiéramos ser verracos y morirnos de viejo haciendo el amor!.

Otras versiones aseguran que a Cabaiguán lo calificaron como “el pueblo de los verracos” porque a la entrada del mismo existía una cochiquera enorme para la cría de cerdos y que el calificativo nada tiene que ver con el carácter, chispa, inteligencia y espíritu emprendedor de sus habitantes, cuya mayoría tiene descendencia directa de los inmigrantes isleños canarios que poblaron nuestra campiña en las primeras décadas del siglo pasado y se entregaron de cuerpo y alma a la cosecha del tabaco hasta convertirse en poseedores de los secretos más importantes para obtener una hoja de aroma exquisito.

Sí, así es. Cabaiguán, Taguasco y Florencia (también poblados por descendientes de canarios) se convirtieron, hasta el presente, en las segundas regiones cubanas que tienen una verdadera tradición en la agricultura tabacalera, después de la provincia de Pinar del Río en la que los isleños canarios también sedimentaron la tradición tabacalera.

Cuentan los entendidos en la materia que el puro habano perfecto es el que se tuerce con la capa de Vuelta Abajo, pero con la tripa del tabaco espirituano –avileño, léase Cabaiguán, Taguasco y Florencia.

A esa tradición contribuyó decisivamente la experiencia, sabiduría y paciencia de los cultivadores canarios que además las han transmitido de una generación a otra de forma impecable, casi perfecta. De manera que los descendientes continúan respetando normas que son inviolables, dos de ellas muy sencillas: sólo hay una posición de la luna para iniciar la siembra de las posturas y no sembrar ni una postura más de las que puedes atender rigurosamente.

Una vez hecha la incursión en el origen de nuestro gentilicio local y su mezcla étnica quisiera citar a algunos “verracos”, es decir, “cabaiguanenses célebres” con un comentario breve que sirva de argumento a esa condición.

a) Vilo Caballón o “Cabeza’e Clavo”

Era un gigante de más de seis pies de estatura y flaco como una grulla con una testa pequeña y redonda que le dio origen a su apodo. Deambulaba por  las calles del pueblo a todas horas con sus artes de pesca, pero sin ningún pescado. Siempre acudía al mismo argumento de todos los pescadores: “se me fue una trucha como de diez libras, fíjense si era grande que me rompió la tarraya”. Nadie supo nunca con exactitud dónde dormía o se alimentaba. Pero todos los cabaiguanenses o “verracos” sí sabemos que, mientras vivió, Vilo no dejó de asistir a los funerales y al entierro de todos los que le precedieron. Para todos ellos tenía la misma frase, acuñada de antemano en su cerebro atrofiado: pobrecito(a), con lo bueno(a) que era”. Para nada le importaban la alcurnia, sexo o color de la piel de la persona occisa.Ningún cabaiguanense puede afirmar que vio a Vilo alguna vez ebrio o que le faltó el respeto a otra persona, o incomodarse por las burlas de los muchachos del barrio. Vilo no pocas veces fue víctima de las calumnias que lo relacionaban con el hurto de las ofrendas que hacían los devotos municipales a la efigie de “la virgencita”. Eran otras personas insensibles las que metían sus manos en el estanque para llevarse lo que estuviera al alcance de sus felonías. Su fallecimiento y funerales recientes llenaron de luto y consternación a todos los que allí nacimos incluyendo a los que residimos en otros lugares de Cuba.

b) Mena, el negro tresero.

Vivía de lo que se ganaba tocando el tres en cualquier esquina de lunes a domingo en horario abierto. Todo lo que se buscaba cuando “pasaba el cepillo” se lo comía y bebía sin pensarlo dos veces.

En una de sus borracheras se sintió tan mal que,  creyendo que “la pelona” venía por él con la guadaña lista para el desenlace final, hizo llamar a sus hijos para hacer dejación de sus bienes: – “el tres para mi hijo Lázaro que  tiene oído pa’la música”, los zapatos  de dos tonos se los dan al niño Felipe pa’que pueda aguajear en la comparsa, el vestidito de encajes para la niña Chiza ”- y así sucesivamente. Cuando sus hijos, asustados, le trajeron el médico para que valorara el caso éste los tranquilizó con una frase muy sencilla: “este negro lo que está es borracho como una uva, caballeros. Denle un plato de caldo y ya verán que todo se le quita en cinco minutos”.

Por supuesto que cuando se recuperó, el Negro Mena volvió a recoger los bienes materiales que había entregado en herencia y siguió parrandeando.

Cuentan que en otra ocasión dijo:- “Y ahora, de mi propia cosecha, les interpretaré “Prefiero una y mil veces que te vayas”-. Claro que no existía tal cosecha, porque Mena se estaba refiriendo al bolero “Mil congojas” del talentoso compositor Juan Pablo Miranda que comienza con esa frase. Pero en su mundo de notas musicales, arrancadas al tres y aprendidas de oído por la fuerza de la costumbre, el negro Mena vivió feliz hasta que su anatomía ya no pudo resistir más el alcohol, las parrandas de todos los días y noches y la magra alimentación.

c) “Tingo” Ledesma.

Comentan que se hizo célebre por las proporciones de sus genitales. Al extremo de que cuando dos féminas cabaiguanenses discutían y  acaloraban por cualquier motivo lo primero que les venía a la mente era la sugerencia siguiente: “vete a ver a Tingo para que te resuelva el problema, porque lo tuyo es  falta de macho”.

d) “Cepillo” el carretonero.

Fue capaz de amaestrar a la mula “Caruca” que tiraba de su carretón. Y lo hizo con tanta paciencia y pericia que el animalito jamás se confundió con una de sus órdenes. Así las cosas si le ordenaba mear, meaba;  si le decía “vamos Caruca”, le seguía inmediatamente. Si le ordenaba un giro a la izquierda así lo hacía, sin que Cepillo le tocara las riendas. Si le mencionaba el tema de la comida, el animalito levantaba la cabeza y las patas delanteras y se sacudía inquieto. “Cepillo” falleció no hace mucho tiempo atrás.

e) “Ñico” Negrón.

Se hizo célebre porque cuentan que hizo un lanzamiento en un juego de béisbol que demoró más de media hora en llegar a la mascota del receptor, ponchando al peligroso cuarto bateador del equipo rival, que amenazaba con las bases llenas y dos outs, para redondear el cero en el noveno capítulo y ganar el juego 1 X 0.

Algunos aseveran que el bateador le hizo swing a la pelota en quince ocasiones y  ya totalmente fuera de si, optó por partir el bate contra el home play. Dicen que cuando sus compañeros le preguntaron qué lanzamiento había hecho respondió que ni él mismo lo sabía. Ñico aún vive en Cabaiguán.

f) Julio “Fosforera” Rodríguez

Era un pichón de isleño cuyos abuelos procedían de Las Palmas de la Gran Canaria. A Julio me unía el parentesco que le proporcionaba su condición de primo segundo de mi madre.

Toda su vida fue un mujeriego y bebedor empedernido que no vaciló nunca en dilapidar todo el dinero que ganaba  y que no era poco, porque tenía un oficio que le proporcionaba buenos dividendos Sus tres debilidades, si es que son tales, siempre fueron las mujeres jóvenes, los vinos españoles y la cerveza Hatuey.

Julio incursionó además en la guitarra y la poesía. Siempre traía en su mente un poema de amor de sus dos poetas preferidos: José Angel Buesa (Cuba, 1910-1982) y José María Vargas Vila (Colombia, 1860-1933)

Su frase famosa de conquista para las mujeres jóvenes siempre fue: –“Ven a beber de mi copa, chiquilla loca”.

Frisaba los cincuenta años cuando fue capaz de darle continuidad al mismo parentesco que lo unía a mi madre: en una de sus aventuras amorosas conquistó a una prima hermana mía de sólo dieciséis años de edad con la cual tuvo un hijo que ahora es mi primo segundo.

Julio falleció en un accidente de trabajo hace ya varios años. No obstante, sus amigos y admiradoras no lo han olvidado y cada vez que llega el aniversario de su deceso van hasta el cementerio local y sobre su tumba comparten tragos y le dedican canciones y poemas de amor.

g) Osvaldo Santiusti (Kid Fichique).

Osvaldo Santiusti (Kid Fichique) nunca soñó con ser boxeador, ni mucho menos convertirse en campeón nacional de la división welter ligera. Su trabajo era ordeñar vacas junto con uno de sus tíos.

El negro Santiusti era de mediana estatura, pero muy fornido. Un buen día su tío y compañero de trabajo le dijo que en el pueblo estaban “cazando una pelea” con un boxeador que había llegado de algún otro municipio de la antigua provincia de Las Villas. Y acto seguido le propuso que aceptara la pelea.  Osvaldo le respondió entonces que no le interesaba aquello del boxeo. Su tío para provocarlo le  respondió que realmente lo que ocurría era que le había cogido miedo al enfrentamiento.

Osvaldo soltó la ubre de la vaca que estaba ordeñando, apartó el cubo de leche a medio llenar, se puso de pie y le dijo a su tío:

“Vamos a ver al boxeador”. Y así quedó concertada la pelea. Era la primera vez que  subía a un cuadrilátero. Uno o dos días antes le impartieron las primeras y más elementales reglas para la esquiva de los golpes del contrario.

Sólo dos golpes necesitó Santiusti para poner fuera de combate al contrario demostrando que tenía una pegada fulminante, dinamita en ambas manos.

Desde entonces se convirtió en el gran campeón  “Kid  Fichique” que discutió en varias ocasiones el fajín nacional en su división con “La Plancha” Díaz y “Baby Cochet”. La mayoría de sus peleas las ganó por la vía rápida del nocao.

Después de varios años reinando en la división finalmente perdió su condición de campeón nacional ante el estilista Luis Manuel Rodríguez. quien con su depurada técnica boxística fue capaz de evitar la pegada de este cabaiguanense

Osvaldo Santiusti finalmente se radicó en la capital del país, La Habana. Lo último que supe de él fue que trabajaba de portero  en el Hospital “Luis Díaz Soto”  (Naval) en La Habana del Este. Desconozco si aún vive.

g) Arturo Alonso

Prolífero  e inspirado compositor musical que llegó al estrellato con números musicales tan bellos como “Alma impura”, interpretado por la afamada Orquesta Aragón, o “Canto a Cabaiguán” que popularizara la Voz del Danzón, Barbarito Diez.

En mi infancia verraca vivía en el mismo barrio de Arturo y era muy rara la mañana en que no le escuchara rasgando las cuerdas de la guitarra cuando pasaba frente a su casa rumbo a la escuela. Vivía en una casita de tablas y techo de tejas, a la orilla del callejón o camino real por donde llegaban al pueblo los camiones cargados de caña procedentes de los latifundios de Andrés Calderín Ramos, Alberto Castillo y la familia Lumpuy.

De Arturo me queda la constancia de su consagración al pentagrama. Falleció recientemente en “su Cabaiguán querido, su lindo Cabaiguán”.

h) Owen Blandino (El tabaquero de Cabaiguán).

Gloria deportiva de nuestra nación. Campeón de bateo en la histórica Serie Mundial de Béisbol de l969 en República Dominicana. Jugó siempre en la tercera base y además tuvo el privilegio de ser el primer jugador en conectar un cuadrangular dentro del terreno en nuestras series nacionales de béisbol. Un mar de pueblo acudió a su sepelio recientemente para despedir a la tercera base del equipo Cuba. Para despedir al humilde tabaquero de Cabaiguán quien a todos se dirigía con el mismo calificativo o apodo: “gallo”.

La mascota del actual equipo de béisbol de la provincia Sancti Spíritus es precisamente el gallo. Este es el homenaje permanente a su ejemplo como atleta y revolucionario.

Y quedan muchos más “verracos célebres”por mencionar en múltiples esferas y actividades de la vida en este céntrico municipio del país. Porque en Cabaiguán el cruce de criollos, canarios, peninsulares y negros siempre ha dado origen a “verracos” en el sentido que lo entienden y aplican en muchos países latinoamericanos y caribeños.

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