Febrero tiene 28 días y, cada cuatro años, 29, resultado a decisiones políticas, culturales y prácticas tomadas hace más de dos mil años

Por: Redacción Digital
Febrero tiene menos días por decisiones tomadas en la Antigua Roma. El calendario que usamos hoy es heredero del calendario romano. En sus orígenes, Roma no tenía un sistema fijo y ordenado. El año comenzaba en marzo y solo tenía diez meses. Más tarde se añadieron enero y febrero, pero quedaron al final del año y con menos importancia.
Febrero, en particular, estaba asociado a rituales de purificación y a ceremonias para los muertos. No era un mes festivo ni central, así que recibió menos días desde el principio.
En el año 46 a. C., Julio César reformó por completo el calendario para alinearlo con el año solar, que dura aproximadamente 365,24 días. Esta reforma dio lugar al calendario juliano. Para ajustar el total de días, algunos meses quedaron con 30 o 31 días, y febrero conservó su duración más corta.
El famoso día extra no tiene origen lunar. Se añadió porque el año solar no es exacto de 365 días. Ese pequeño desfase se corrige agregando un día cada cuatro años. Por tradición, ese día se colocó en febrero, reforzando su carácter irregular.
Más tarde, el calendario gregoriano perfeccionó el sistema, pero mantuvo la estructura heredada. Nadie volvió a redistribuir los días entre los meses.
Por eso febrero tiene 28 días y, cada cuatro años, 29. No es una casualidad astronómica ni un misterio natural. Es el resultado de decisiones políticas, culturales y prácticas tomadas hace más de dos mil años.
