Los tres sustos más grandes de mi vida
Por: José Miguel Fernández Nápoles
Se había acabado la campaña de alfabetización y tenía enredado en el entrecejo el desconsuelo de no haber podido ir, no porque fuera altruista ni que niño muerto, sino porque a los once años uno ya está buscando querella con la vida, está en esa tontería de creer que estamos saliendo del cascarón. Y te apuntas a un bombardeo encantado de la vida, a ver si sales un poco de abajo de la saya de tu madre sobreprotectora.
Pero empezó un invento llamado superación obrero campesina, para que los alfabetizados alcanzaran el sexto grado y esa aventura, no me la iba a perder por nada del mundo, así que me apunté volando.
Me asignaron un aula en la Cooperativa "La Nueva Cuba" que estaba a unos cinco kilómetros de Santa Lucía y el acuerdo era que yo iba solo...









