Abraham Domínguez destacaba desde muy joven por su honestidad y su afán por trabajar

Por: Daisy Pilar Martín Ciriano.
A 125 años del natalicio del canario Abraham Domínguez Rodríguez, aún en Cabaiguán se recuerda su figura y su vil asesinato.
Como tantos y tantos emigrantes que llegaron de Islas Canarias, a Cuba llegó Abraham en 1923 y se asentó en la zona central, en un terrenito que le dio el padre de Evelio Pérez, en La Aurora. A penas tenía 20 años, pero se destacaba por su honestidad y su afán por trabajar. Tempranamente se casó con la cubana Celestina Silva y constituyó un hogar de cuatro hijos.
Muy bien relacionado con los vecinos, dispuesto siempre a ayudar y todo con mucho respeto. Era muy estimado en la zona y nunca le faltaba trabajo. Su casita la trasladó para las márgenes del río Tuinucú y desde allí iba a trabajar a largas distancia donde le ofertaran qué hacer. Laboraba con frecuencia como jornalero en La Casa Azul y lo mismo trabajaba en vegas de tabaco que en plantaciones cañeras.
En esa zona por 1957 existía una fuerte organización del Directorio 13 de Marzo y los hermanos Orellana eran destacados por su espíritu de lucha y colaboración con la organización, incluso, en ese lugar hicieron escala miembros de la organización que subían al Escambray, pero la vinculación con el isleño parte a raíz de su amistad con Heriberto Orellana que en ocasiones iba al caserío trasladándose a través del río.
Por una supuesta relación con él, es que a pocos días llegaron los soldados de Sancti Spíritus a realizar registros en las casas del batey.
Y así comenzó la tragedia que conllevó al asesinato de Abraham. Primero le prendieron fuego a su casa y comenzaron a detonar las cañabravas, a los que los soldados del cuartel de Guayos dijeren que era pólvora y la acusación sobre el humilde campesino tomó mayor peso y fue llevado para Sancti Spíritus.
Allí sufrió una gran golpiza durante la entrevista por parte del jefe del puesto, según testimonios le sumergieron una y otra vez en las tinas de agua donde bebían los caballos, hasta que finalmente y por no dar declaraciones fue asesinado vilmente. Su cuerpo fue arrojado dentro de un saco en el aeropuerto de Sancti Spíritus y encontrado días después. Su cuerpo mostraba huellas de ensañamiento, heridas y torturas y finalmente, rebasando los límites de la ignominia fue castrado y sus testículos colgados del cuello. Tenía tan solo 57 años.