El estrés no siempre grita; muchas veces susurra en el silencio de tu cuerpo. Y si no escuchas esas señales, puede pasar desapercibido mientras afecta tu corazón día tras día

Por: Redacción Digital
A veces no necesitas un susto, un disgusto o una noticia impactante para que tu corazón se acelere. Basta con una rutina llena de pendientes, preocupaciones silenciosas y un ritmo de vida que no se detiene. Sin darte cuenta, tu cuerpo puede estar viviendo en modo de tensión constante, y esa activación prolongada puede elevar tu presión arterial sin que lo notes.
El estrés no es solo una sensación mental; es una reacción física. Cada vez que te enfrentas a una situación estresante —una discusión, un plazo que se acerca, una preocupación económica o incluso una sobrecarga de tareas—, tu cuerpo libera adrenalina y cortisol, dos hormonas que preparan al organismo para la acción. Esta respuesta, conocida como “lucha o huida”, acelera el corazón, contrae los vasos sanguíneos y aumenta la presión arterial para enviar más sangre a los músculos y órganos vitales.
El problema surge cuando esta reacción deja de ser ocasional y se vuelve parte de la vida diaria. El cuerpo no distingue entre un peligro real y una preocupación mental; reacciona igual. Así, muchas personas pasan semanas o meses con niveles de estrés que mantienen la presión arterial elevada de manera sostenida, sin presentar síntomas evidentes. No hay dolor, ni mareos, ni señales claras… pero el corazón trabaja bajo presión cada día.
