domingo, junio 13El Sonido de la Comunidad
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Esther Frías; una flor que no marchita

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Por: Osbel Ramón Díaz Mondeja

Lo único que tiene de “fría” es el apellido, pues su vida laboral siempre fue muy “ardiente” por la dedicación total que le ha imprimido hasta sus 91 años de existencia.

Se puede pensar que aquel 22 de noviembre de 1929 vino al mundo detrás de un mostrador y los rollos de telas pudieron servir de culeros; pero ¡no!

A la niña Esther Frías Izquierdo fue la finca Las Marías, quien le dio la bienvenida con una vida humilde pues su padre tuvo 4 hijas y sólo tenía dinero para pagar los estudios de dos de ellas.

Cuenta mi invitada…

!Mi papá eligió a la mayor y la menor para asistir a la escuela y yo era de las del medio y no tuve chance!

Pero según el refrán no existe mal que por bien no venga ya que a la joven Esther su hermana mayor la ayudó a conseguir un empleo en una de las tiendas de comercio del poblado. El dueño de una de ellas lo fue Benigno Lorenzo quien ante la necesidad por la ausencia de una de sus empleadas “se la jugó” en colocar a la joven Esther.

Sólo bastó un mes para convencerse del talento que tenía la adolescente. Nunca más se alejó de un establecimiento comercial y muchas son las tiendas en Cabaiguán que conocieron de su presencia.

La Revoltosa, París Sport, y otras tantas; pero fue la popular “Casa de Samuel” (a un costado del antiguo hotel Cabaiguán) donde estuvo más tiempo y alcanzó su jubilación.

En la memoria popular aún se recuerda que la mayoría de los clientes siempre querían ser atendidos por esta mujer aun cuando otras de las dependientas estaban vacías.

“…conmigo nunca se iba nadie sin adquirir un producto porque si el vestido o los zapatos no le servían por la talla, yo rápidamente le proponía ropa interior o cualquier otra cosa”

“…a veces existió un poco de celos por mis ventas, pero nunca le guardé rencor a nadie”

Esta laboriosa mujer llegó a tener además de sus quehaceres hogareños cuatro centros laborales. De forma autodidacta elevó su capacidad e intelecto y llegó a dar clases (durante la batalla por el 6to grado que se realizó en el país) en centros laborales como la fábrica de Tabacos Bauzá, la textilera y en la propia unidad de comercio al unísono como vendedora.

Esther Frías tiene tres hijos y varios nietos. Ella cumplió la promesa que le hizo a su mamá de construirle antes de morir una casa de placa para que no se mojara. Aprendió a bordar y a fabricar bisuterías con las que se ganó también la vida luego de su jubilación.

“… Soy una apasionada de la música y el baile, sobre todo salsa y casino”

“…de las canciones cubanas la que más prefiero escuchar es la Guantanamera de Joseíto Fdez.”

“…y siento a Cabaiguán como si fuera mío, todos me quieren porque he sembrado cariño y ahora en la vejez estoy recogiendo los frutos”

Durante la larga conversación (más de una hora) que tuvimos recientemente, me confesó que en todo momento ha tenido como guía para la constancia laboral el siguiente aforismo de José de la Luz y Caballero “Vale más la voluntad de una persona que una locomotora”.

Hoy, cuando los años y las enfermedades intentan cerrarle su “establecimiento existencial” me sumo a los que elogian a esta cabaiguanense, que supo con cariño y constancia ganarse la simpatía de sus coterráneos.

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