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Garzón, el ortopédico

Delfín Mateo Garzón Pérez, un ortopédico ilustre de Cabaiguán que por más de 57 años se mantuvo en la profesión que ama hasta con sus últimos alientos

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Con 57 años de labor se acogió a la jubilación este destacadísimo ortopédico cabaiguanense.

Por: Daisy Pilar Martín Ciriano

Hoy esta página se acerca a la figura de una personalidad de la medicina cabaiguanense que por muchos años prestó sus servicios en el territorio. Cuando el tiempo transcurre, quedan atrás muchas vivencias de personas que merecen ser recordadas y divulgadas entre los más jóvenes. Esa es la historia de cada pueblo y también su obligación para mantener vivos sus orígenes.

Hoy la ocasión invita a detenerse en la figura de Delfín Mateo Garzón Pérez, un nombre que para los cabaiguanenses que peinan canas no resulta ajeno.

Graduado en Medicina desde el año 1962 en la Universidad Santa Clara, realizó su especialidad en Ortopedia y Traumatología y posteriormente se incorporó a trabajar en la remota zona de Sopimpa, perteneciente al municipio de Fomento. Tiempo después se trasladó al Hospital de Sancti Spíritus, donde desempeñó su labor, además de impartir clases como docente. Dentro de ese período cumplió misión internacionalista en Angola y a su regreso se reincorporó a su labor, en el recién inaugurado hospital Camilo Cienfuegos de la cabecera provincial. En este centro se mantuvo laborando durante 21 años.

Por necesidades de cercanía a su hogar se trasladó para Cabaiguán para cumplimentar su función como ortopédico en el Hospital Municipal. Atento, observador y con amplios conocimientos dentro de su especialidad, contribuyó en múltiples ocasiones a la rehabilitación de sus pacientes, así como al diagnóstico acertado en cada caso.

Para Garzón los años no fueron freno a su laboriosidad, a pesar de algunas limitaciones de salud, cumplió misión en Venezuela durante la etapa en que se encontraba al frente del país el presidente Hugo Chávez Frías y aún en sus pertenencias su familia guarda la bata que usara durante ese período.

Con 57 años de labor, se acogió a la jubilación a instancias de su familia. Su salud deteriorada retenía su andar hasta el otro extremo del pueblo para impartir su consulta hospitalaria.

Hoy, próximo a los ochenta años, el ortopédico Garzón reposa. Hasta su casa llegan solo algunos vecinos y familiares. Duele saber que aún vivo, los cabaiguanenses y sus colegas, le tengan olvidado. Ahora ni siquiera desea salir al portal, donde solía intercambiar saludos con los transeúntes. 

Solo su esposa y el viejo cuadro colgado en la pared que atestigua sus estudios alcanzados, pueden acreditar cuánto sacrificio y dedicación profesó este galeno a su profesión y para corroborarlo, esta emisora de su pueblo natal le dedica este espacio para divulgar su abnegado quehacer.

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