Escalaste peldaños, y siempre que te llamaron ahí estabas. Te desdoblaste como jefa de los promotores culturales, directora de la casa de cultura y de ahí a pesar de tu negativa dirigiste esta gran orquesta hasta el triste día en que te marchaste sin poder concluir algunos de los anhelos que siempre expresaste de forma pública para este sector.
Sabías combinar la seriedad y el respeto, con la alegría de tu ser para con tus semejantes. Comprendías los problemas ajenos, pero exigías, porque supiste que el deber está por encima de todo, sin perder la ternura.
Tu casa se convirtió en sed de grabaciones para que la más reciente edición del concurso de música Arturo Alonso Díaz pudiera deleitar a este pueblo de un espectáculo que moviliza multitudes en este terruño que él mismo llamó Mi lindo Cabaiguán.
Estabas en cada evento, en cada taller, buscando como con una varita mágica todo lo que hiciera falta para que los que allí estaban se sintieran con placer y atendidos, pero siempre abogando por la disciplina.
Tus instituciones las dejaste sin las mejores galas, pero supimos de tus esfuerzos para recatarlas, como el Museo Municipal, la sala comandancia del Che y la propia Dirección de Cultura que supiste compartir con los trabajadores del registro civil. Lo demás no estaba en tus posibilidades, porque de tu propio bolsillo salió el dinero en ocasiones para apoyar la logística de varias actividades.
Pero tú tenías un don, de que muchos te siguieron y respondieron en cada situación, tus promotores culturales que ayudaste a formar y guiaste con pasión, otros en cada institución y en la propia dirección de la entidad, a miembros de la Unhic y de la Uneac.
Tu elegancia siempre y colores que combinaban con el verde de tus ojos vislumbraban ante la escena y siempre a pesar de lo difícil de tu encargo encontrábamos una sonrisa en tu rostro.
Gracias Mildrey Rodríguez Alemán, por todo lo que con valentía y tenacidad lograste en un sector que no tiene descanso, ni horario, ni días de la semana.
Gracias por lograr para Cabaiguán varios éxitos en la cultura a pesar de las condiciones y retos que golpean a la sociedad. Lo que no conseguiste no estuvo en tu poder, pero con lo poco que existió, las artes en este sitio del centro de Cuba fueron y serán referencia para quienes hacen de la cultura escudo y espada de la nación.
Descansa en paz, amiga, compañera, excelente hija, madre ejemplar, esposa, dirigente y mujer emprendedora.
Estamos convencidos que muchos te recordaremos y defenderemos tus empeños en hacer por los demás desde los escollos, sin embargo descuidaste de tu propia existencia.
Un adiós no vale, tu titánica tarea, que otros no quisieron aceptar, te hacen inmortal ante hombres y mujeres de la cultura cabaiguanense y de los agradecidos de este pueblo hasta dónde irradiaste como guía el alimento del espíritu de nuestra gente.
