viernes, mayo 15El Sonido de la Comunidad
Sombra

Líneas desde el corazón

Una profesora universitaria revela su gratitud al sistema espirituano de Salud y, como parte del mismo, el hospital Camilo Cienfuegos, donde días atrás fue salvada su vida

Mi mensaje, portador de incertidumbre respecto a su salud, desata una especie de entusiasmo inesperado. Desde su cama, o tal vez desde el asiento junto a ella, confirma que sufrió un gran infarto. Que ha estado ingresada en la sala de Cardiología, apunta; mas se muestra calmada y hasta, diríase, animada.

«Esto que me ha sucedido ha sido una oportunidad que Dios me ha dado para que yo pueda darme cuenta del inmenso cariño que sembré en las personas. También me ha servido para interiorizar algunos aspectos negativos en mi estilo de vida», dice.

Habla de muestras enormes de cariño, de mensajes de amor, de preocupación jamás imaginada respecto a su persona. Menciona las visitas de cuanto médico la conoce en el hospital, que no deben de ser pocos, a juzgar por la cantidad de alumnos que tuvo a lo largo de su vida, quienes al pasar por su sala llegaron a verla. Luego lanza la invitación. Que escriba sobre esos seres que aún la mantienen sorprendida, me pide; que hable sobre el Departamento de Cardiología del Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos.

Se percibe en su voz la enorme admiración por «el extraordinario equipo de jóvenes talentos profesionales que tiene aquí la Salud Pública espirituana», por su entrega no solo en su caso particular, sino «ante cada caso que les llega». Y habla, serena y detalladamente, de médicos, paramédicos, especialistas, enfermeros; «gente toda llena de amor, de responsabilidad, gente atenta al paciente de manera constante».

Comenta acerca del marcapasos portátil que debieron instalarle, operación por la vena yugular mediante, y alude a la destreza de los jóvenes que asumieron esa misión, que permitió salvarle la vida. «Casi sin recursos», detalla de manera oportuna. Delega en mí para que el reconocimiento se haga efectivo, y siento que no puedo hacerlo mejor que ella, que horas después de esta reportera acceder a escribir haciendo uso de su testimonio me hace llegar una síntesis digna de sus mejores cualidades como pedagoga.

María de los Ángeles García Valero, Marucha para todos los que la conocen, Doctora en Ciencias Pedagógicas, escribe una página de agradecimiento donde el protagonista es su propio corazón. Así lo contaba poco antes de que le dieran el alta, en un episodio que ha sido escuela, cuando ella misma es, y eso podrían decirlo sus alumnos, escuela de amor, entrega y, ahora sabemos, también de una enorme gratitud: 

«Martes 28 de abril. Amanezco infartada.

«Recibo la más alta atención especializada en el policlínico de Guayos. Todos en el lugar se movilizan. No se pierde ni un instante. Acude alrededor mío todo el personal médico necesario. La doctora Yamilet aplicó con precisión el protocolo establecido. La ambulancia de cuidados intensivos (SIUM) llegó en tiempo récord.

«En el policlínico de Guayos, sus médicos y enfermeras son personal especializado practicando el humanismo. Aunque no había mucho medicamento, lo gestionaron para darme los primeros auxilios. Mi agradecimiento eterno para ellos.

«Llegué con vida al hospital.

«Fui recibida en el hospital de Sancti Spíritus en la sala de Cuidados Intensivos, donde te entrega el SIUM. Desde el policlínico de Guayos, a través de la doctora. Yamilet, se había coordinando con el doctor Vladimir al frente de la unidad en ese momento. Todo estaba listo para recibirme y fui objeto de un trato profesional y esmerado.

«Sentí cuando el doctor Vladimir explicó que sería llevada a la sala de Cardiología en su parte intensiva.

«Al llegar a Cardiología, un grupo de médicos y enfermeros, todos muy jóvenes, me prestaron todos los servicios especializados posibles. Electro, eco, inyecciones, sueros, oxígeno. Todo lo posible por salvar mi vida, sin escatimar que soy una mujer mayor que ya vivió lo suficiente. Ellos tenían delante a un ser humano que había que salvar.

«En la madrugada del miércoles hago un bloqueo, siento que me voy, vomito. Mi hija grita. Vuelan  los médicos y enfermeros de guardia. El doctor Raikel al frente del equipo; Danilo, el enfermero de Meneses, todo un experto; una joven doctora cuyo nombre no pude precisar, pero que sentí como un ángel. Entre todos hicieron el procedimiento de colocarme un marcapasos portátil que salvaba mi vida.

«Después, los cuidados de los enfermeros Ernesto, el de Jatibonico, que me decía señorita y me hacía bromas para alegrarme; Ismaray, Adriana (de Guayos, mi pueblo), Osmaro el de Trinidad, Juan Carlos.

«De Cardiología quisiera mencionar a todos, desde el jefe, el doctor Alberto; Yusley, Raikel, Michel, Guille, Carlitos, Ernesto, Tessa, Wilfredo y Popcoi; los residentes Luis Orlando, Yoilan, Rosy, Liliana y Yarisely; y además de los enfermeros mencionados, Héctor, Lorena, Yudy, Danielle, Jenifer y Kenya. Otros residentes: Carlos Cristo y Arteaga.

«Aclaro que en la foto donde estoy acostada aparece el doctor Alberto, especialista y jefe del departamento, junto al doctor Joel, especialista guatemalteco graduado de la ELAM y la residente Yarisely recibiendo una clase magistral de cómo deben hacerse la lectura y las mediciones en un ecocardiograma. Ellos fueron los que firmaron mi alta y dieron las recomendaciones finales».

Así reseñaba sus vivencias entre los días 28 de abril y 12 de mayo, cuando egresó, la prestigiosa profesora de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez, quien tras décadas de labor en la formación de nuevos profesionales del magisterio se acoge a una jubilación desde la cual continúa siendo útil.

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