Con 37 años dedicados al sector de la Salud, la doctora Raisa Hernández Hurtado asumió importantes responsabilidades dentro y fuera de Cuba, entre ellas haber fungido por más de cuatro años como asesora de la Organización Panamericana de la Salud para el Programa Más Médicos en Brasil

Considera que la práctica médica es la más reveladora de que solo una expresión o un gesto amable puede curar hasta el alma; considera que el contacto con otras culturas y otros pueblos exige el conocimiento de lo nuevo y la lectura en los ojos de los pacientes de que llegas a sus vidas, tal vez como la única señal salvadora de su enfermedad.
Así concibe el ejercicio de la Medicina la doctora espirituana Raisa Hernández Hurtado, especialista de primer grado en Medicina General Integral (MGI), quien por ocho años dirigió los destinos del “hospital de los afectos”, como prefieren llamar los pacientes al Hospital Provincial Docente de Rehabilitación Doctor Faustino Pérez Hernández, institución de referencia en el país.
“Bendecido hospital, excelentes profesionales y técnicos, nobles, tratables, siempre entregados a devolver la fe a quienes llegan allí con la esperanza casi perdida”, reza un comentario en la red social Facebook; y tanta gratitud no es lisonja, es honor merecido. En todo ello, aclaran varios colegas, estuvo la guía de quien fuera una de las directoras de ese centro, Raisa Hernández Hurtado.
Después de su jubilación, en mayo de 2026, no se ha ido definitivamente; quedan quienes fueron sus compañeros antes y durante los infatigables días de la covid, los que aún persisten, pese a las difíciles condiciones impuestas por el bloqueo al sector de la Salud, en rehabilitar en una camilla a cielo abierto.
EL COMIENZO
Cuando en 1989 llegó a Casilda, aquel pequeño poblado de pescadores, de Trinidad, la joven doctora recién graduada de Medicina llevaba la encomienda de abrir allí, junto a otros colegas, el Programa del Médico y la Enfermera de la Familia, y se vio, de pronto, sumergiéndose en las costumbres y las historias de aquellos hombres que vivían más tiempo en el mar que en la tierra. Terminó por conocer a sus pobladores y auscultar casa por casa. Cuando llegó el instante de la partida, confesó, extrañaría el sonido de las olas, el olor a salitre y aquella familia de gente humilde que la adoptó como a una hija.
Fue en Fomento, tierra oriunda de sus padres, donde terminó en 1993 la especialidad de MGI; para entonces, las montañas y gran parte de la zona urbana del municipio ya tenían un camino recorrido en la aplicación del Programa del Médico y la Enfermera de la Familia, una idea de Fidel que alimentó la vocación de ser sanadores permanentes de la comunidad.
“Hacíamos terrenos o visitas a las casas de las personas hasta las siete de la noche, trabajábamos en colectivo, con la mano en el corazón, como digo siempre, y eso nos dio la posibilidad de formarnos y formarnos bien”, recuerda la doctora Raisa.
Vicedirectora de Higiene y Epidemiología y directora del Policlínico Docente Miguel Montesinos Rodríguez, de Fomento; jefa de la Atención Primaria de Salud, subdirectora de Asistencia Médica y responsable del Programa del Médico y la Enfermera de la Familia y subdirectora primera en la entonces Dirección Provincial de Salud en Sancti Spíritus son, entre otras, las responsabilidades que, durante años, desempeñó la doctora Raisa Hernández y en cada lugar sembró semillas invisibles, en un hábito que le venía por tradición familiar, asegura.
CUBA, GRACIAS POR TANTO
“Durante décadas, la salud en Venezuela fue una deuda acumulada, un lujo que se detenía donde terminaba el asfalto; la Misión Barrio Adentro rompió esa barrera”, así reza en un artículo de la prensa de esa nación sudamericana publicado en abril de 2026, en franca alusión a aquella cruzada que el país bolivariano, con la cooperación de Cuba, decidió emprender en 2003 y que cambió el paisaje de los cerros, llanuras y barriadas.
En un principio en el estado de Aragua y después en el de Trujillo, la doctora Raisa Hernández es testimonio vivo de aquella especie de red salvadora tejida entre los Comités de Salud, los vecinos y las familias que abrieron sus propias casas para que en estas funcionaran los primeros consultorios.
Otras experiencias no menos reveladoras colmaron la vida de la espirituana que en Caracas asumió, tiempo más tarde, la Coordinación Nacional de la Misión Milagro.
“En Venezuela llegamos a tener 11 centros oftalmológicos y 27 posiciones quirúrgicas móviles que se trasladaban hacia diferentes lugares del país con un equipo de trabajo completo.
“Tuve la oportunidad de visitar el país entero en más de dos oportunidades y las anécdotas fueron múltiples. Te encontrabas a esa persona que se te acercaba, te tomaba del brazo y te decía: ‘Ya puedo ver’, ‘Ya estoy bien’, ‘¡Al fin veo a mis hijos¡’, y las frases de agradecimiento siempre eran: ‘Gracias a Chávez’, ‘Gracias a Fidel’, ‘Gracias a los cubanos’. Eso fue algo que marcó la vida de ellos y de todos nosotros también”, expresó la especialista.
A partir de agosto de 2013, la doctora Raisa fungió como asesora de la Organización Panamericana de la Salud para el Programa Más Médicos en Brasil y coordinadora en el estado de Minas Gerais.
“Dirigimos un colectivo de excelentes compañeros, es una región muy grande, con distancias extremas. Teníamos constantemente que estar visitando a los colaboradores porque una de nuestras tareas fundamentales era acompañar a los médicos, y ello implicaba viajar por aquel país en un ómnibus, en un avión, en lo que fuera.
“Nos encontramos con personas que no habían visto un médico en su vida, y era gratificante apreciar que los profesionales nuestros llegaban hasta lugares recónditos que nadie imaginaba siquiera que podían existir y lo hacían pasando ríos para ir de un asentamiento a otro.
“Debían quedarse allí con esa población, en las condiciones adversas en que vivían, dormir en hamacas, correr ciertos riesgos, como las mordeduras de serpientes o de alacranes. Muchas veces ayudaron a crear y crearon ellos mismos canteros de hierbas medicinales en las casas, y eso causaba cierto asombro.
“Llegamos a tener 76 médicos trabajando solos, ubicados en las zonas más complejas de todo el estado; por ello, tratábamos de darle una atención directa por la vía que fuera”.
VIVIR PARA UN HOSPITAL
En un escenario no menos difícil, a su regreso de Brasil en 2018, la doctora Raisa asumió la encomienda de dirigir el Hospital Provincial de Rehabilitación. Con algo más de un centenar de trabajadores entre médicos, enfermeros, expertos en rehabilitación, personal administrativo y de servicios allí había una especie de alquimia que unía saberes, terapias y vocación de servicio.
“Además del proyecto de Esclerosis Múltiple, de la misión que tiene realmente el hospital en el tratamiento a pacientes con diferentes enfermedades, también tuvimos que asumir algunas arbovirosis, con casos de dengue, hasta que comenzó la covid.
“Cuando en el mes de marzo de 2020 nos comunicaron que el centro se destinaría a la atención a esos pacientes, pedí continuar como directora, aunque sabía que los días por venir iban a ser bien complejos, y con el colectivo nuestro y el equipo de médicos y enfermeras que llegaron de toda la provincia a cubrirnos, a rotar, vivimos momentos difíciles, duros y de mucho riesgo; pero logramos salir adelante.
“Allí no se dormía, allí estaban el equipo del SIUM con sus ambulancias. Hubo momentos muy tristes porque muchas personas de las que tuvimos ingresadas también perdieron algunos familiares.
“Vivimos días conmovedores cuando dábamos alta a los pacientes. Recuerdo que hacíamos entre todos un cordón arriba en el pasillo de entrada de la casona y aplaudíamos la salida de aquellas ambulancias. Poníamos la canción Valientes, de Buena Fe, y aquello era emocionante. Los que vivimos esa experiencia, sabemos que el corazón se estremecía con mucha fuerza”, evoca la especialista.
La Medicina es un ministerio, es una obra de paciencia y de cuidado; para vivirla intensamente se necesita de la ayuda de muchos otros. La doctora Raisa lo reconoce, la familia ha sido imprescindible durante su carrera profesional.
“Cuando salí para Venezuela el niño solo tenía siete años. Sin el apoyo de mis padres, mi hermana, mi esposo y mis tíos, no hubiera sido posible desarrollarme. Yo tuve y tengo la dicha de contar con la familia”.
Este apoyo y la claridad meridiana de por qué se hizo médico acompañaron sus 37 años de ejercicio.
“Lo importante es saber lo valioso que uno puede ser como médico, cuántas vidas puedes salvar, a cuánta gente puedes llegar, cuántas almas puedes curar”, expresó.
Si además de doctora en Medicina fuera una artista plástica, la doctora Raiza Hernández Hurtado pudiera conformar un hermoso y humano lienzo con las mil y una vivencias de su ejercicio médico; mas no cabrían tantas emociones, tantas vidas.