sábado, mayo 9El Sonido de la Comunidad

Madre: un asalto de amor eterno (+Audio)

Las madres simbolizan el comienzo de la vida, la protección, el cuidado, la esperanza, el amor incondicional. Ser madre va más allá de «criar o satisfacer las necesidades básicas de los hijos”

Como las olas que acarician incansablemente la orilla, así es el amor de una madre, constante y eterno.

Por: Lillipsy Bello Cancio

Es mayo sin lugar a dudas, uno de mis meses preferidos del año. Sí…. Ya sé: lo de ser madre y reconocerlas y consentirlas y decirles que las amas debería ser cosa de todos los días, pero es este, el quinto mes del año, su segundo domingo el día que las reconocemos, las consentimos y les decimos que las amamos de una manera diferente, más especial… si es que eso es posible.

Y es que lo de la magnificencia de la maternidad lo aprendí no solo de la mía, una mamá fuera de serie, “todo- terreno”, capaz de cruzar el Atlántico a nado si uno de los suyos la necesita… lo aprendí también de mi abuela humilde que parió seis y los convirtió en excelentes seres humanos y profesionales cuando ella apenas sabía escribir, de esas amigas mías convertidas en papás, de mi hermana valiente y audaz que cargó tres en su vientre sin importarle estrías, cansancios o carencias, de la viejecita que allá en medio de la nada asumió al nieto con apenas tres meses y lo hizo hombre de bien y padre insuperable.

Solo cuando me hice mamá comprendí por qué a la mía le gustaba

comer nada más las patas o las nucas del pollo, cómo es posible escuchar los dedos que se caen de la boca cuando finalmente se durmió y qué es ese instinto que alerta cuando está en peligro y aunque no la vea obliga a levantar el teléfono y preguntar “¿estás bien? ¿te pasó algo?”.

El día que me hice mamá conocí el verdadero amor sincero, incondicional, transparente… ¡y eso por más cursi que parezca! Comprendí cómo es posible descifrar una señal, un sentimiento, una preocupación a través del tono de la voz, de un mensaje, de un simple: “¡Hola, mami! ¿Qué haces?”.

Cuando me convertí en mamá asumí un nuevo idioma, desconocido, aparentemente indescifrable. Cambié el delineador de ojos por uno de ojeras, las noches de fiesta por la inquietud de una fiebre, y mi vida profesional la aplacé por unas canciones infantiles que todavía tarareo y que no puedo evitar me evoquen un sentimiento que siempre, siempre me saca una sonrisa, aunque ni yo misma me dé cuenta.

Claro, que en esto de ser mamá no todo ha sido color de rosa, ni a lo “Corín Tellado”. Ha sido, es difícil ser una mamá moderna. Paradójicamente, las nuevas exigencias no están tan alejadas de las formas tradicionales: hay que parir de forma natural, ofrecer el pecho el mayor tiempo posible, y priorizar el apego madre-hijo. Además de esto, no debemos descuidar nuestras carreras, nuestro cuerpo, nuestra libido y nuestras ambiciones profesionales. Dicho así, en apenas unos segundos, parece fácil, ¿verdad?

Desde que soy mamá, quiero más a la mía, que no se equivocó nunca, que siempre supo ser y estar, que disfrutó (y sufrió) ser una mamá moderna, que en un sin querer- queriendo me enseñó a descifrar lágrimas, a anticipar problemas, a adivinar sentimientos.

Es este domingo DÍA DE LAS MADRES. Si todavía tiene a la suya cerca, hágala feliz. Si no está, honre su memoria. Yo, a la mía otra vez la abrazaré, la besaré, la consentiré… porque se lo merece, porque se lo ganó, y porque cuando creía que me lo había enseñado todo, también me enseñó que a los hijos, incluso cuando están lejos, no se les puede “quitar el pie”, que ni noventa ni novecientas millas son impedimento para el consejo o el llamado de atención, que ni el mudarse a otro planeta disminuye las preocupaciones, la añoranza… el amor….

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