miércoles, mayo 27El Sonido de la Comunidad

Museo Provincial General: Sancti Spíritus a pequeña escala

La emblemática institución ya cuenta con 45 años de interacción con el público

No descansa a la sombra de la belleza de la emblemática edificación ecléctica que atesora la mayor colección de libros de la provincia. Su encanto propio es capaz de arrancar miradas, incluso, pensamientos de cómo expresiones de dos siglos conviven en armonía. Y es que el Museo Provincial General, otrora casa de vivienda, desafía la modernidad desde todos sus elementos constructivos.

“Sancti Spíritus no tiene una estilística preconcebida. Surgió de forma espontánea. La voluntad de desarrollo urbanístico se ha empeñado en cuidar nuestra memoria”, comentó en cierta ocasión Juan Eduardo Bernal Echemendía, Juanelo, tras cruzar por el parque Serafín Sánchez Valdivia, espacio público que se engalana con la casona azul y grandes rejas protectoras de sus ventanas.

Sus paredes añejas y techo de tejas rojas protegen la historia de esta región desde el nacimiento de la cuarta villa de Cuba hasta la actualidad. No son pinceladas. En su interior habitan esencias vivas de lo más autóctono de esta tierra.

Tiene esa responsabilidad desde noviembre de 2000. Pero, desde mucho antes, exactamente desde el 22 de mayo de 1981, Sancti Spíritus cuenta entre sus museos con esa especie de vitrina gigante: el Provincial General. Primero, echó raíces en calle Céspedes Sur y, hoy en el espacio con valores añadidos por sus techos de madera, balaustres de hierro y cenefas con colores añejos.

“Esta casa es una tacita de oro —define como justificación a tantas joyas Oneyda Delgado, su directora—. Constructivamente, tiene un valor excepcional y una belleza incalculable. Basta escuchar no solo a quienes se aventuran a recorrer sus salas, sino a quienes pasan y admiran su fachada”.

Esas frases udieran sonar a orgullo maternal. Pero se confirman con solo poner pies después de su puerta ancha de madera. A escasos metros se choca con una de esas expresiones. La imagen del Espíritu Santo nos recuerda el origen del nombre de esta cuna de encantos coloniales y naturales. Objeto único en el país y de un valor imposible de calcular, carga en sus alas la fuerza de esta tierra bendecida por Bartolomé de Las Casas.

Igual sucede con el cañón El Mayarí, que en una de sus esquinas nos recuerda que son tres idénticos. De ahí el apodo de los trillizos. Uno de sus hermanos descansa en el Museo de Historia Municipal, en Trinidad y del otro se desconoce su paradero.

Desde arriba como vigilante certero permanece el Escudo de la Ciudad. Mi lealtad acrisolada, su lema, confirma que en Sancti Spíritus jamás se tuvieron los brazos cruzados antes quienes intentaron desde fuera imponer estilos y dogmas.

Lo legitima otro tesoro: la réplica del Machete del Mayor General Serafín Sánchez Valdivia; más que un instrumento de batalla, un verdadero resguardo en días de combate.

También nos devuelven al pasado cepos negreros, las sillas de los alcaldes espirituanos, techos de madera tallada, el comedor ambientado con una vajilla de ensueño y trofeos deportivos.

“Contamos con ocho salas, aunque en nuestro patio incluimos también piezas de valor. Además, una de las áreas más visitadas es la transitoria. Actualmente, exhibe regalos que se le hicieron al Comandante en Jefe ya que este año celebramos su centenario”.

Sus colecciones y edificación sobreviven gracias al compromiso de un colectivo que, paños y pinceles en mano, batalla contra el paso del tiempo. Sin embargo, hoy sufre el cierre de la sala de Arqueología. La fractura de una de sus alfardas obligó a sacar y poner a buen resguardo los más recientes hallazgos del sitio fundacional Pueblo Viejo y del propio parque Serafín Sánchez, cuando en 2014 se convirtió en centro de atención de amantes de la arqueología y la historia.

“Creemos que el día que se cierra se pierde mucho más que un espacio —insiste la especialista en conservación—. Mientras las salas estén sin problemas estructurales que pongan en peligro las colecciones y la vida humana tienen que permanecer abiertas. Las piezas en almacén sufren de microrganismos propios de los lugares sin ventilación.

“También lamentamos que no contamos con los hermosos vitrales que nos identifican como ciudad y que le imprimen una belleza única a cualquier lugar donde se ubiquen”.

Mientras esperan por una respuesta de cuándo podrán revertir esa realidad, apuestan por compartir los saberes con su colectivo y los estudiantes de la enseñanza especial, integrantes del círculo de interés que al interior del Museo Provincial General siembra el amor por el cuidado y protección del patrimonio.

“Serán los que en un futuro cuiden ese legado que hoy protegemos con orgullo”, sentencia la directiva con experiencias y conocimientos en cómo salvar piezas y edificaciones añejas del polvo o de acciones humanas indebidas.

Por esa mirada hacia el futuro es que sus programaciones intencionan acciones en menores de edad con propuestas como Duendecillos del saber y las historietas que nos regresan a los tiempos en que corsarios y piratas intentaban tomar a la villa del Yayabo. Son intentos acertados, aunque precisan de mucho más para seducir a quienes cruzan y por múltiples razones no apuestan por entrar.

Mantener vigorosas sus colecciones es un compromiso. Pero hacer del museo un espacio de consulta para conocernos mejor es una obligación. Solo así cada 22 de mayo será una fecha vigente y no un día anclado en la memoria colectiva de lo que una vez fue.

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