lunes, junio 14El Sonido de la Comunidad
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Sacando polvo debajo del agua

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Hay que buscarse un trabajo porque del invento ya no se puede seguir viviendo” (Alfredo Martirena Hernández / Cubahora)

Por: Arturo Chang (Tomado de www.cubahora.cu)

Todavía en la década de los años 80 del siglo pasado la zona de Sancti Spíritus, sobre todo en Cabaiguán, Guayos, Taguasco y Zaza del Medio, era común encontrar trabajando en medio del veguerío a algún hombre nacido en Islas Canarias.

Ya lo común era que el cultivo de la aromática hoja estuviera en manos de descendientes de aquellos inmigrantes conocidos como isleños, personas caracterizadas por su laboriosidad sin límites y dedicación sistemática a las faenas en que estuvieran ocupados.

Aunque entrados en años, su presencia en el campo era más frecuente en la década de los 70, tiempo en el cual intelectuales como Samuel Feijóo recorrían esas zonas de la antigua provincia de Las Villas para recoger vivencias entre las familias campesinas.

Otro de ellos fue Tomás Álvarez de los Ríos, quien se dedicó a recoger refranes y dicharachos de aquellos trabajadores capaces de definir una situación con apenas unas pocas palabras tan bien escogidas que podían dejar al interlocutor sin nada más que decir.

Por aquel tiempo, hubo graves afectaciones a los cultivos que primero fueron dañados por una intensa sequía seguida de torrenciales aguaceros que destruyeron los semilleros de tabaco y obligaron a buscar posturas en Pinar del Río.

Ante los perjuicios por carencia de lluvias primero y exceso de precipitaciones después, los vegueros comenzaron a prepararse ante un posible problema financiero, situación que en una vega de Cabaiguán alguien ya perdido de la memoria periodística dijo: “La cosa se va a poner tan mala que vamos a tener que sacar polvo debajo del agua”.

El isleño se refería a que la gravedad era tal que iban a tener que apelar a todo lo posible, pero esa misma frase fue dicha en una zona cercana, Guayos, por otro inmigrante más explícito, que agregó: “de donde no se echa, no se puede sacar”.

Tanto uno como otro o, mejor dicho, todos, sabían que no podrían gastar lo que no ingresaran, por lo cual anticipadamente comenzaron a hacer un balance de ingresos, egresos y ahorros y reajustaron sus vidas, pero sin renunciar a trabajar para tratar de lograr la más alta producción posible de tabaco.

Vienen estos recuerdos cuando aumentan los desvinculados de un centro laboral que tras darse cuenta de que la canasta de referencia es de 1528 pesos y que un jubilado como el que nos abordó, con una pensión de 1773 pesos podrá cubrir sus gastos y le quedaran 245 para compartir con su esposa sin pensión.

No obstante, ese hombre no podrá seguir amparando a su hija embarazada y su yerno, ambos sin vínculo laboral.

Al compartir sus más íntimos pensamientos dijo: “Voy a tener que decirle a mi hija que yo no puedo, y a su esposo que nunca encuentra un trabajo que le cuadre, que va a tener que ponerse a trabajar en lo que encuentre. Y yo me buscaré algún trabajito para completar lo que le falta a mi mujer. Hay que buscarse un trabajo porque del invento ya no se puede seguir viviendo”, comentó.

Seguramente que este hombre ya había hecho uso de sencillas operaciones aritméticas para darse cuenta de la situación, y si se decidió a conversar fue más con el propósito de reafirmar sus ideas que de hacer alguna consulta.

Por la seriedad del asunto, y respeto, guardamos en el pensamiento los recuerdos de las frases que califican la situación de cualquier familia donde 1,2 trabajan para mantener a 1,7 que no lo hacen: hay integrantes que tendrán que sacar polvo debajo del agua (misión imposible) porque no se puede sacar algo de donde nada entra (lo que es una verdad innegable) y tendrán que trabajar.

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