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Soy una persona de metas

“Soy una persona de metas”, asegura Raquel Pérez López, quien se desempeña desde hace 13 años como directora de la Unidad Empresarial de Base Producciones Varias (Emprova), de Yaguajay

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Mucho antes de llegar hasta la Unidad Empresarial de Base Producciones Varias (Emprova), de Yaguajay, Raquel Pérez López se desempeñó como contadora y comercial en la otrora Fábrica de Bebidas y Refrescos del territorio. Quizás fue su formación como técnico de nivel medio en Contabilidad y Finanzas la que la llevó hasta este lugar, en el que aprendió a lidiar con una rutina productiva que no entendía de horarios ni de planificación.

Allí pudo haber estado toda la vida. Mas, tras la desaparición de esa empresa en el territorio y con cerca de 31 años de labor a cuestas, esta mujer tuvo que reinventarse. Del trabajo por cuenta propia pasó a la Emprova, entidad en la que se desempeña como directora desde hace 13 años.

“El trabajo por cuenta propia nunca fue lo mío. No me adaptaba a estar en la casa. Fue entonces que Julio Antonio Pérez, secretario del Partido en aquel momento en Yaguajay, llega hasta mí porque necesitaba una directora para la Emprova en el municipio.

“Me visitó también Alberto Rodríguez Pérez, director de la empresa a nivel provincial, para hacerme la propuesta. Yo estaba tan abrumada con el tiempo que llevaba en la casa y les dije: ´no sé qué es la Emprova, no sé qué es eso, pero, ¿cuándo empiezo?. Y comencé el 11 de noviembre de 2011”, refiere Pérez López.

Con esta voluntad y sin saber siquiera al mundo que se adentraba, esta fémina emprendió el camino. No tuvo que desligarse de los números. Las cuentas matemáticas también harían falta en el futuro. Por ello, al enredarse entre las confecciones textiles, las de artesanía y hasta en labores de construcción, Raquel siempre hizo los mejores cálculos a favor de la eficiencia.

“Al llegar a la Emprova nos dimos a la tarea de perfeccionar un poco la fuerza de trabajo y darle valor a los talleres para que los trabajadores se pudieran sentir más cómodos. Poco a poco me empecé a enamorar del trabajo de la Emprova. Ese primer año fuimos reconocidos a nivel provincial y desde entonces siempre hemos estado entre los tres primeros lugares en el Balance Económico de la empresa.

“La Emprova me ha enseñado lo que no pudo la Empresa de Bebidas y Licores (Embeli) en 31 años. Siento amor por la Emprova, me fanatiza el trabajo. Cuando llego a los talleres de construcción me olvido de los de costura, porque no tiene que ver una cosa con la otra. Soy de las personas que piensa que para dirigir hay que saber lo que estás haciendo, salir del buró e ir al lugar donde se está trabajando de verdad”, confirma la directora de la Emprova.

A su paso por esta entidad no pocas han sido las tareas que ha asumido. Luego del huracán Irma se puso a prueba la capacidad de la empresa para impulsar la producción de materiales de la construcción y la edificación de viviendas, sin dejar de mantener las confecciones textiles. En cada uno de estos desafíos ella ha estado junto a los trabajadores.

“Siempre acompaño a mis subordinados en todo lo que hacen, participo, converso con ellos, me preocupo por sus necesidades. Los veo no como como obreros, sino como un equipo en familia. Son cosas que no se sueñan, se tienen.

“Donde más se aprende es al lado de ellos. Cuando fui por primera vez al Taller de Confecciones de Venegas no sabía lo que era cortar ni hacer un pantalón. Entonces, con el cortador de allí, aprendí cómo hacerlo y también el proceso completo. Así me pasó con la producción de materiales de la construcción, con la carpintería… En cada uno de los procesos me inserté con ellos para aprender.

“El hecho que la empresa sea Vanguardia Nacional y que tenga todos los resultados que muestra hasta hoy, si no fuera por mis trabajadores, no los hubiera podido alcanzar. Me siento orgullosa de formar parte del colectivo de la Emprova”, confiesa.

Con este pensamiento Raquel impulsa cada una de las faenas. Tanto es así que, en medio de tantas limitaciones económicas, logra mantener el ritmo productivo de la entidad. Y es que, esta mujer, se niega a quedarse de brazos cruzados.

“No puedo darme el lujo de parar la producción, porque si lo hago, mis trabajadores no perciben el salario que tanta falta nos hace en estos momentos. Como empresa no nos podemos parar, y como personas, menos. Siempre hemos encontrado soluciones.

“Si hay que buscar el cemento a Cienfuegos, aparece la manera de hacerlo. Para la parte textil siempre hemos contratado la recortería y, en ocasiones, hemos hecho encadenamientos productivos con algunas mipymes, donde hemos obtenido el tejido para hacer juegos de sábanas y otras piezas. Es difícil, pero hay que ponerle alma, corazón y vida. Soy una persona de metas”, apunta Raquel.

Por esa voluntad de encontrar soluciones y de trabajar a golpe de sacrificio y entrega, ha logrado, de conjunto con los trabajadores, que la Emprova yaguajayense permanezca desde hace ocho años como Vanguardia Nacional y ostente siete con esa misma condición en la ANIR.

Detrás de cada lauro está el empeño de un colectivo y de una mujer cuyos días le resultan ajetreados, sin mucho tiempo, incluso, para estar en casa. Sin embargo, esa rutina la oxigena. “Eso es lo que me da vida. Soy feliz con mi trabajo y con mi familia”, destaca.

Y mientras suelta estas palabras su rostro muestra el orgullo de contar con una familia unida que la apoya en cada proyecto profesional y personal, que la sigue y necesita de ella en cada paso.

“Tengo nueve hermanos y más de 20 sobrinos. Lo mejor es que mis sobrinos son mis hijos y ellos me ven como madre. Es difícil que en el día no vengan hasta mi casa dos o tres de ellos. Por ejemplo, hay uno que sabe que los sábados por la mañana estoy en la casa y otro no se acuesta hasta que no pasa por allí. Siento orgullo de mi hijo, y de mi familia”, refiere y denota felicidad.

Con esta fortaleza sale todos los días a trabajar y a poner la mejor de las energías en cada obra. Quizás por ello, a sus 62 años ni siquiera piensa en la jubilación. “Todavía no me pasa por la mente eso. Mientras la Emprova me necesite y la salud me lo permita, voy a seguir aquí.

“La Emprova significa lo que significa Yaguajay y Cuba para Raquel. Es patriotismo, es Revolución. Necesito esa unión de familia que existe en la Emprova”, concluye Pérez López.

Dice esta última frase y toma aire por un instante. No imagina el día en el que ya no esté al pie de una obra de construcción, envuelta en tejidos o en materiales para garantizar el trabajo en los talleres de discapacitados. Y es que Raquel tiene energía de sobra. Tanto es así que termina la conversación y retoma el trabajo. Entre sus prioridades: visitar uno de sus talleres. De ellos no se desliga. Allí nace todo y dentro de ellos Raquel creció y se convirtió en la mujer empoderada que transita las calles de su idolatrado Yaguajay. 

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