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Tomás Romay: pionero de la medicina cubana

Imposible hablar de ciencia en Cuba sin recordar a Tomás Romay, médico que administró en La Habana por primera vez, la vacuna contra la viruela y quien falleció un día como hoy de 1849

Tomás Romay fue un ejemplar médico que su mayor virtud fue el humanismo que siempre desarrolló en cada momento de su vida.

Por: Redacción Digital

El legado del eminente científico Tomás Romay Chacón, cuya incansable labor en el campo de la medicina marcó un antes y un después en la historia de las ciencias médicas. Al conmemorarse los 177 años de su fallecimiento, se le como un humanista, botánico y químico que fue pionero en el ámbito de la higiene y la prevención de enfermedades.

Romay fue un visionario que supo adelantarse a su tiempo, al promover la vacunación antivariólica, destacar la importancia de la interrelación clínico-patológica y colaborar en el estudio de la fiebre amarilla. Su incansable labor en pro de la salud pública le valió el reconocimiento como el padre de la medicina científica en Cuba.

Aunque trabajó en varias ciencias, su mayor erudición era la medicina. Fue, verdaderamente, un gran médico que formó su propia biblioteca y, mediante su iniciativa e inteligencia, propagó las más modernas y progresistas teorías médicas de su tiempo por medio de las obras de los más renombrados autores del siglo XVIII y de la primera mitad del siglo XIX.

Al momento de su deceso, con 84 años, ostentaba distinciones como Miembro Corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid, Médico de la Real Cámara, y Catedrático de Clínica de la Real Universidad, así como Presidente e Individuo de Mérito de la Sociedad Económica de Amigos del País, Miembro de la Comisión de Vacuna de París y de las Sociedades Médicas de Burdeos y Nueva Orleans; y Caballero Comendador de Isabel la Católica.

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