viernes, mayo 22El Sonido de la Comunidad

Transformadores vuelven a la vida en taller espirituano

Las soluciones, a veces, están en mirar más hacia adentro, con lo que se tiene a mano

La lucha diaria contra la oscuridad no es solo esa que se libra a pie de termoeléctrica, de parques fotovoltaicos, de pozos de petróleo nacional, de persistencia y de malabares frente a un cerco energético imperial que pide sangre, muerte, exterminio total o rendición.

Incluye también otro combate, tal vez menos conocido, más discreto o anónimo, aunque no menos decisivo. Lo protagonizan electricistas y trabajadores en general de talleres pertenecientes al sector eléctrico, en los que son recuperados cientos de transformadores que intervienen en el servicio eléctrico a todo lo largo y ancho del país.

«De más está decir que, en medio de esta situación muy compleja que atraviesa la economía nacional, no podemos pensar en la compra de equipos nuevos –afirma Liván Olmo Castañeda, especialista en redes, al frente del taller espirituano. Por eso nos dedicamos, fundamentalmente, a darles mantenimiento o reparación a los transformadores que llegan desde los municipios.

«De inicio, hacemos un diagnóstico para determinar cuáles tienen solución, cuáles pueden ser reparados de acuerdo con las posibilidades que tenemos. Los que no podemos recuperar van entonces hacia Villa Clara, La Habana o Manzanillo, en las cuales funcionan fábricas con más condiciones».

No obstante, todo lo que puede ser resuelto aquí encuentra respuesta en el pequeño colectivo. Es el caso del trabajo con los llamados «laines», bajantes primarios, proceso de «horneado» cuando hay bajo nivel de aislamiento por problemas con el aceite: agua en él, por ejemplo…

Así, muchos equipos que garantizan servicio a la población y actividades básicas como las relacionadas con el bombeo de agua, la agricultura y otras, regresan con vitalidad a los mismos lugares de los que fueron traídos.

–¿Plan?

–Sí. Tenemos uno para el caso de la materia prima. Está en el orden de las diez toneladas de acero y una tonelada de cobre. Siempre lo cumplimos. El otro plan también. Este año, por ejemplo, debemos reparar 83 transformadores. Al cerrar el primer trimestre estábamos al 150 % de lo previsto hasta ese momento.

–¿El aceite dieléctrico?

–Un problema. Está muy muy escaso. Como mismo reparamos usando algunos componentes de transformadores que ya no tienen solución, empleamos para otros el aceite que todavía mantiene sus propiedades.

–¿Otros inconvenientes?

–Los equipos de medición. Hay falta de ellos. Desde hace años que no entra nada. Sin embargo, no dejamos de funcionar, de trabajar, sobre todo con los transformadores de producción nacional, porque con los demás es un poco más difícil.

Sin esa voluntad, el panorama se tornaría mucho más complejo en un territorio que, de acuerdo con el propio Liván, registra déficit de unos 500 transformadores.

–¿Delito?

–Tratamos de cerrar fila por todos lados contra él y eso nos ha dado resultado. En este momento estamos reforzando el cercado perimetral del taller para evitar «casualidades». De todos modos, no descuidamos la vigilancia y el control. Si te fijas bien, verás que a los transformadores les ponemos pintura en las tuercas y roscas de los tornillos, a manera de sello. Es para su seguridad, tanto mientras están aquí como al enviarlos para otro lugar o al devolverlos. Cuentas claras conservan no solo la amistad, sino también aceites, recursos y economía.

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