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COVID-19 ¿Y si no hay mañana?

El mes de agosto rompió todos los récords de contagios de COVID-19 en Cabaiguán al registrase más de 1 700 casos positivos, la cifra más alta en este contexto epidemiológico. Indisciplinas ciudadanas y fisuras en los protocolos sanitarios de actuación en el enfrentamiento a la enfermedad le han servido la mesa a la pandemia

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La dispersión de la COVID-19 es visible en todas las áreas de Salud del municipio.

Por Alexey Mompeller Lorenzo

La sirena de una ambulancia siempre desconsuela. Por estos días, vehículos pertenecientes al Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM) piden vía libre a cualquier hora. Ese sonido eriza a Cabaiguán  porque se sabe que sobre ruedas un equipo especializado en emergencias traslada a pacientes hasta los servicios de terapia intensiva y a otros centros asistenciales.

Es la rutina impuesta por la COVID-19 y de sumarse los kilómetros recorridos para salvar vidas, casi  emularían con los casos positivos registrados en agosto, mes que rompió todos los récords. El ciclo cerró con más de mil 700 diagnósticos y la variante delta del nuevo coronavirus aún no sacia sus ansias de infectar.

El incremento de menores de edad, embarazadas, puérperas y adultos mayores confirmados con  la pandemia se asocia a la circulación de esa cepa más letal y de fácil transmisibilidad, causante de que no pocos cabaiguanenses permanezcan reportados de graves y críticos, aunque otras variantes genéticas fueron identificadas aquí.

Así pinta el panorama epidemiológico del municipio con una tasa de incidencia superior a los mil contagiados por 100 000 habitantes, parámetro por encima de la media provincial.  Ahora que el número de fallecidos en menos de un mes asciende a 16, según estadísticas del Ministerio de Salud Pública, es cuando acaso inspira temor respirar por intermedio de la ventilación mecánica.

No lo aparentan las reacciones de quienes enfilaban una cola en varios establecimientos de la Corporación Cimex para revender cigarros. A simple vista resaltaban las caras habituales en los mostradores que cotizan las cajetillas del producto en el mercado negro con precios a imagen y semejanza de la bolsa de valores.

El Grupo temporal de trabajo para el enfrentamiento a la COVID-19 suspendió las prestaciones en el sector cuentapropista para acorralar los casos positivos que transitan asintomáticos por las calles. ¿Acaso las colas son diferentes en esas unidades?

Hay otra distinción. Las aglomeraciones en las tiendas en Moneda Libremente Convertible, oxígeno para el reordenamiento de la economía cubana en medio de la asfixia impuesta por el bloqueo del gobierno estadounidense contra la isla, parecen invisibles y ahí también camina el SARS-CoV-2, lo han demostrado los tantos períodos de aislamiento a que han sido sometidos sus trabajadores.

Por multitudes no paramos. Desde horas de la madrugada, en los servicios de cuerpo de guardia algunos reclaman el diagnosticador   Umelisa SARS CoV-2, pero el test rápido a raíz de las nuevas normativas solo se efectúa a personas con indicios sugestivos de la enfermedad. Quizá vaya para despejar su duda y alguien que realmente requiere el hisopado oculta en casa las señales de la COVID-19.   

La involución epidemiológica del municipio pinta gris desde hace meses donde no carecimos de eventos de transmisión comunitarios e institucionales. Lo evidencian los controles de foco abiertos en todos los puntos cardinales. Si por cada capacidad disponible en los centros de aislamiento se alumbrara la prevención, hoy apenas se hablaría del colapso de los hospitales de campaña habilitados.

Andamos mal, repletos de síntomas y con limitaciones a cuestas. Andamos de manos de un protocolo perfectamente concebido, pero llevado a vías de hecho habría que preguntarle a los oyentes que se han comunicado con esta emisora para inquirir sobre  la entrega tardía o simbólica del Nasalferón, la ausencia del médico de la familia, el resultado de la toma de muestra de PCR y las pesquisas activas intermitentes. Por fortuna, no todos los equipos de Atención Básica de Salud descuidan sus responsabilidades y en ese espejo deben mirarse los demás que llevan una bata blanca.   

Con semejantes alarmas, las ambulancias del SIUM continuarán inquietando a los cabaiguanenses que estremecidos por la sirena se asoman al portal para pedir por la persona remitida a terapia. Tal vez, en esa suerte de acompañamiento espiritual, olvidan el nasobuco como sucede en las tertulias de barrio, un simple desliz  que puede llevarlos a zona roja sin saber si habrá mañana.

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