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50 años dando tijera

50 años o más con la tijera y el peine en las manos, inmortalizan al fígaro de Cabaiguán Armando Hernández que jamás tuvo un pelo de bobo y demasiados de honradez y sacrificio.

tijera
Armando Hernández Pérez, 50 años dando tijera

Por: Osbel Ramón Díaz Mondeja

Quizás no sea tan conocido como el barbero de Sevilla, pero muchos de los que peinan canas hoy en Cabaiguán nunca lo olvidan. “Armando el barbero” paseó su reputación en cuanta cabellera buscó su presencia para acicalar la imagen.

El verdadero nombre fue Armando Hernández Pérez, la primera barbería lo fue su propia casa de la calle 2da del sur #5 entre Máximo Gómez y Martí, en el barrio El Jobo entre los años treinta y cuarenta del pasado siglo. (A un costado de la tienda de Pedro Fariñas).

Chac, chac, chac, tijera en mano, cada mañana junto al peine y el paño le moldeó el pelo a todas las familias de aquel humilde barrio y aumentó su popularidad por el servicio gratuito a quienes le crecía más el pelo que los bolsillos.

Cambios de barberías

Años más tarde Armando estableció su barbería frente a la conocida escogida de “Breña”, entre la antigua fábrica de Camas y la casilla de Andrés Cruz.

Ya en la década de los 70, el segundo sillón en la popular “barbería de Mena” en plena calle Valle, conoció su presencia hasta la jubilación, para luego concluir los últimos cortes en su casa particular de la calle Tomás Pérez Castro # 76.

La última afeitada

Allí antes de la última “afeitada” supo “peinar” acertadamente el amor hacia América Camacho, su esposa de siempre y de la cual nacieron sus dos hijos y años después tres nietos.

En la historia de barberos y barberías en Cabaiguán, Armando Hernández Pérez, tendrá siempre un lugar entre los tantos que tuvieron la tijera y el peine como identificación personal.

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