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Cabaiguán hizo la primavera de 1926

No serán los casi 600 kilómetros cuadrados de Cabaiguán el ombligo del mundo, pero sí la esencia de muchos que prefieren este destino, declarado término municipal hace 98 años

Cabaiguán
Escudo Municipal de Cabaiguán. (Foto: EcuRed)

Por: Alexey Mompeller Lorenzo

Desde lo alto luce verde y a medida que la vista se ensancha, el imperio de los vegueros es la envidia de no pocos. Las cúpulas de guano dispersas entre los surcos para guarecer las hojas de tabaco adornan el paisaje panorámico.

Perdida la cuenta de los partos que ha dado esta tierra, en su momento hato, taberna y punto poblado, vale quitarse el sombrero ante un destino preferido por muchos que conectó al Océano Atlántico con el Caribe.

Cabaiguán significó la llave común para dos culturas mezcladas, un romance que comenzó cuando la emigración canaria encontró aquí más que refugio. Son los hilos de identidad mantenidos a la usanza de los siglos.

Cabaiguán hizo la primavera de 1926. Una firma decidió todo el 3 de abril de ese año. Con puño y letra del propio Presidente de la República de Cuba, Gerardo Machado y Morales se hacía cumplir la Ley del Congreso en un documento emitido por la Secretaria de Gobernación. Cuatro días después, la Gaceta Oficial confirmaba una decisión dada en el Palacio de la Presidencia. Cuba tenía un nuevo término municipal: Cabaiguán.

La añorada autonomía tomaba cuerpo en este extremo del país. Un primer Alcalde, el doctor Manuel Martínez-Fortún estrenaría el Ayuntamiento en mayo de 1927. A poco más de un año de aquel despertar, el lema Patria y Labor centellaba en el escudo municipal, emblema que hasta hoy acompaña a las sesiones gubernamentales. 

Cabaiguán es pasión para poetas y narradores; la metáfora perfecta; el argumento de lujo. Bardos que van y vienen por este cruce de caminos hallaron aquí la inspiración. Les basta un recorrido por el Paseo y semejante sitio emblemático colma de notas el pentagrama.

A Cabaiguán le faltan colores y aromas solo preservados en la memoria colectiva. Otras ausencias amontonan recuerdos. Vuelos emprendidos hacia millas de distancia separan a los cabaiguanenses de tomar el portal de La Revoltosa como paraguas ante la lluvia repentina, de sincronizar el reloj tres veces al día cuando la garganta de la Refinería de Petróleo Sergio Soto avisa, de sentir en un coche las deudas con la pavimentación de las calles, de cazar al panadero en cualquier esquina, de codearse con los suyos  en la Avenida Sergio Soto o de atravesar el domingo el área de la Feria Agropecuaria sin impactarse con los precios rascacielos.

La lista de nostalgias crece; igual la de satisfacciones, como la recibida por Cabaiguán el 7 de abril de 1926 al declararse municipio con el aval de todos los poderes del Estado. No serán sus casi 600 kilómetros cuadrados el ombligo del mundo, pero sí la esencia de muchos. 

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